miércoles, 19 de agosto de 2026

Sin título.

 

    El motivo de esta reflexión surgió cuando contemplaba la rotulación de una calle en la localidad navarra de   Puente la Reina          hace apenas un par de semanas; tomé una fotografía y decidí en ese mismo instante que la imagen merecía algún comentario.

    

Evidentemente, ésta podría haber pasado desapercibida para cualquiera, pero por decirlo de alguna manera, ya estaba con “la mosca tras la oreja” desde hacía algunos días que andaba pateando por esta región, además de mis observaciones en visitas anteriores.

 

     Iba a titularla “la estupidez humana no tiene límites” pero considerando que de algún modo ese calificativo, por general, me afectaba tanto a mi o como a cientos de personas que conozco, decidí que sería mejor restringirla un uno poco, y que quedaría mejor “la estupidez de algunos humanos no tiene límites”.

 

     Independientemente de mis conocimientos  previos sobre este tema, que aunque no demasiado profundos, me han permitido observar con interés lo que veía, consideré que antes de ponerme manos a la obra convendría ilustrarme brevemente sobre este asunto, que no es baladí, sino que, por el contrario, muy serio, al menos en mi opinión.

 

     En una primera aproximación confirmé lo que más o menos ya intuía: según el Instituto Navarro de Estadística, el 15,1% de la población navarra de más de tres años habla vascuence con fluidez,  un 11,3 % lo entiende pero no lo habla  y el 73,3% ni lo habla ni lo entiende. Quiere esto decir que el 85% de los navarros utiliza el castellano como lengua habitual.

 

     Sin embargo, desde mi primera visita a Navarra, hace ya algunos años, percibí que la profusión de rótulos en vascuence hace pensar que el uso de esta lengua aparentemente está mucho más difundido de lo que realmente ocurre.

 

      A nadie escapa que este asunto, sin querer meterme en “camisas de once varas”, tiene un trasfondo político que muchos han denunciado y en el que no voy a entrar porque no es este el motivo de mi reflexión, pero si es necesario para contextualizarla.

FUENTE: Situación lingüística en la Comunidad de Navarra. Hablamos español.

 

     El vascuence es solo oficial en la zona vascófona (apenas un 9% de la población regional). En la zona mixta, aunque predominantemente se habla castellano, en algún momento se habló vascuence por lo que se han implementado POLÍTICAS, desde hace décadas para promocionar el vascuence. Aquí reside el 53% de la población. El resto de la región ha sido hasta ahora zona no vascófona, representando el 36% de la población.

     

     Últimamente, algunos municipios optan por declararse como zona vascófona para obtener ciertas ventajas. De hecho éstas se dan a muchas empresas para incentivar su uso. También se está empezando a utilizar esta lengua como vehicular en muchas escuelas infantiles de la zona no vascófona, premiando a los padres que matriculen a sus hijos en ellas, dando facilidades para utilizar los servicios de comedor o transporte.

 

      Estas medidas ”políticas” han originado que el nuevo mapa lingüístico haya quedado así:


FUENTE: Situación lingüística en la Comunidad de Navarra. Hablamos español.

 

     Adentrémonos ahora en la cuestión que nos ocupa y es la rotulación de las calles y plazas en ambas lenguas, en concreto en la pequeña localidad de Puente La Reina, situada en la zona lingüística mixta, pero donde posiblemente el 90% de sus habitantes ni hablen ni entiendan el vascuence, excepto algunas palabras de uso ya frecuente.

 

     Teniendo en cuenta que la palabra en vascuence que designa a calle es KALEA, es normal encontrar en aquellas  con un nombre que puede traducirse indistintamente en vascuence y castellano, aunque la diferencia sea simplemente una letra, que la rotulación aparezca así:





    En otras ocasiones, en cambio, no hay posibilidad de traducción, porque se trata, por ejemplo, de un nombre propio, entonces lo habitual es que el rótulo presente este formato:

 


    Cuando en lugar de a una calle el rótulo se refiere a una plaza, el asunto resulta un poco chocante, porque en vascuence se escribe exactamente igual que en castellano. No hace falta explicar que en este caso es un préstamo lingüístico ya que es un término indoeuropeo que viene del griego y llegó al castellano, obviamente a través del latín:

 

              πλατεα (plateîa)           platĕa




Lo que verdaderamente me resulta chocante, por no utilizar otros calificativos más contundentes, es cuando el nombre de aquella no permite o no requiere traducción, y nos encontramos con esto:

 



Creo, sinceramente, que después de la imagen precedente, que ha motivado digamos esta “reflexión“”, queda muy poco que añadir.


Me he permitido, sin que me interese demasiado, pero creo que procede constatar que en vascuence primero se escribe el nombre propio y luego el común, por lo que sería lo correcto el modo de presentarlo, pero aun así, me sigue pareciendo “una redundancia redundante”.

 

 

Bibliografía: Situación lingüística en la Comunidad de Navarra. Hablamos español.

 

©José Solórzano Sánchez.