miércoles, 22 de enero de 2025

Un episodio poco conocido de la emigración canaria. Isleños en Argelia.

 

Hace más de cuarenta años, cuando buscaba información para un trabajo que estaba realizando en aquellos momentos en la Biblioteca Municipal de Santa Cruz (por entonces, con sede en la calle José Murphy) llegó a mis manos, casi por casualidad, un opúsculo fechado en 1882.


El título, rimbombante, como buena parte de las letras decimonónicas, parecía bastante sugerente, especialmente para un interesado en aspectos de Geografía Humana referidos a Canarias.


“DICTAMEN

SOBRE LAS

 CAUSAS Y ORIGEN DE LA EMIGRACIÓN

 EN LAS PROVINCIAS

DE BALEARES Y CANARIAS

REDACTADO POR EL

EXCMO. SR. D. NICOLÁS DÍAZ Y PÉREZ

VOCAL DE LA COMISIÓN ESPECIAL PARA PROPONER LOS MEDIOS

DE EVITAR LA EMIGRACIÓN.

 

Tuve ocasión de consultarlo con tranquilidad y en general, tanto por el índice como por lo que pude leer, se trataba del típico informe oficial de la época, explicando, o más bien tratando de explicar, las causas de la intensa emigración que afectaba a estas dos provincias insulares. Se hablaba también de los abusos que se cometían en las repúblicas hispanoamericanas con nuestros compatriotas y se aportaban posibles medidas tanto para frenar en lo posible este flujo de salidas, como para garantizar un proceso migratorio digno, en caso de producirse.


En general, pocas novedades para alguien acostumbrado a las lecturas sobre este tema, tanto por necesidad, como por especialización académica e incluso por placer.


Que la emigración transoceánica había sido un fenómeno secular en la historia de Canarias, casi desde los momentos de la Conquista, no era novedad; se trata de un fenómeno casi estructural durante casi quinientos años, que nunca comprometió el aumento constante de la población por mor de los elevados excedentes demográficos.


 No obstante, en períodos de crisis económica alcanzó cifras enormemente elevadas, tal como ocurría por aquellos años (década de los ochenta del siglo XIX), cuando ante el derrumbe del cultivo de la cochinilla, se desencadenó un tal proceso migratorio, que llegó a alarmar al Gobierno de turno.


Este Dictamen, como se ha comentado, incide exhaustivamente en la citada problemática, y sin embargo, fue precisamente uno de sus capítulos el que llamó mi atención. Era la primera vez que tenía ocasión de leer algo sobre un destino de la emigración canaria nuevo para mí. Después de haber consultado infinidad de obras que abordaban el tema jamás había tenido información sobre la corriente emigratoria de aquellos años a la colonia francesa de Argelia. Resulta interesante, que incluso pasados los años, hasta el día de hoy, no he vuelto a encontrar otra referencia al respecto.


Aquella información tan curiosa, a la vez que inesperada, ha permanecido en mi memoria durante décadas;  en más de una ocasión tuve la intención de volver a la Biblioteca a refrescar aquella lectura, sin embargo por un motivo o por otro nunca llegué a hacerlo.




Hace algún tiempo, consultando los fondos digitalizados de la Universidad de Las Palmas me encontré nuevamente con el citado Dictamen, y ahora sí, me he decidido a divulgar, en la medida de mis posibilidades, aquella curiosidad que tanto llamó mi atención.


En el capítulo en cuestión, relativo a la inmigración española en Argelia, el autor señala que desde el 23 de agosto hasta el 31 de diciembre de 1881, es decir, en apenas cuatro meses habían entrado por el puerto de Orán 5.499 españoles, de los que 1.561 procedían de la provincia de Canarias, es decir, el 28,4%, cuando la población de las Islas apenas representaba el 1,9% del total nacional. De estos, 798 provenían de Tenerife, 469 de Gran Canaria y 294 de La Palma.


En aquellos momentos, esta colonia francesa contaba con 2,9 millones de habitantes, de los que unos dos millones y medio eran nativos. Los europeos, unos 400.000, apenas representaban el 14%.


Curiosa resulta la distribución de la población europea, ya que los franceses, originarios de la potencia colonial, no llegan ni a la mitad de aquella.

 

Nacionalidad

Total

%

Franceses

160.000

40

Españoles

99.700

25

Judíos locales

35.000

9

Otros europeos

105.300

26

 

Sin embargo,  quizá el aspecto más interesante de este capítulo sea la información que aporta el autor del Dictamen sobre la distribución por provincias de los españoles residentes en la colonia. Y esto tiene mucho que ver con la llegada masiva de isleños por estos años, tal como se señaló anteriormente.

 

Provincia

Total

%

Baleares

24.960

25

Canarias

17.680

17,7

Levante(*)

26.330

26,4

Resto de provincias

30.730

30,9

  (*) Almería, Murcia, Alicante, Valencia y Castellón.

 

Si atendemos al gráfico precedente, no es de extrañar que los principales aportes a este contingente inmigratorio procedan de Baleares y las provincias levantinas (alrededor del 50% del total), ya que son las más próximas a las costas argelinas. En cambio, el caso de Canarias es realmente curioso, no sólo por su volumen (casi el 18%), cuando la población de las Islas, como ya se ha indicado, no llegaba ni al 2% del total nacional, sino porque se trata de un destino realmente novedoso.


En efecto, en toda la documentación que he tenido ocasión de consultar relativa a la emigración canaria, a lo largo de más de cuatro décadas, dos hechos son incontestables: su importancia numérica a lo largo de los siglos e Hispanoamérica como su destino casi único. Por ello resulta verdaderamente significativo este nuevo foco de atracción en las últimas décadas del siglo XIX.


No he encontrado referencia alguna a otros destinos que no fuese Hispanoamérica, a excepción de algún caso tan puntual que resulta irrelevante, de ahí el interés que pueda derivarse de este Dictamen. Tendríamos, sin lugar a dudas y por su volumen, el segundo lugar de establecimiento de la emigración canaria hasta aquellos momentos.


Desgraciadamente, desconocemos el tiempo de permanencia de este colectivo en la antigua colonia francesa, o si los citados desplazamientos continuaron produciéndose después de esta fecha y hasta cuándo.


Quizás el hecho que pudiera explicar esta “anomalía” en el tradicional comportamiento migratorio de las Islas sea la extraordinaria crisis económica que provocó en el Archipiélago el derrumbe del cultivo de la cochinilla y la situación de miseria y desesperación que generó en la mayor parte de sus habitantes.


Lo llamativo de esta situación es, que según el autor del Dictamen, a pesar de su volumen, esta llegada de canarios a Argelia era lo que podríamos llamar “la punta del iceberg”, porque por aquellos años el grueso de las salidas siguió dirigiéndose a su destino tradicional “las Américas”. Insiste además, que esta fuga masiva de isleños amenazaba con dejar despobladas “estas dos preciosas provincias españolas” (refiriéndose a Canarias y Baleares).


En efecto, en el capítulo III del Dictamen, figura una disertación bastante exhaustiva y pormenorizada sobre la importancia e incidencia de la emigración en el Archipiélago. La aborda como un fenómeno consustancial a la historia del mismo, e incluso se permite, para sus cálculos, llevar a cabo un cruce de datos (oficiales y extraoficiales) para determinar su cuantía real.


Según  Gobierno Civil, en los años normales emigraban alrededor de 2.800 personas, mientras que en los de calamidad pasaban de 5.000, cifra altísima para una población de 283.000 habitantes. A continuación plantea una serie de causas que la expliquen y destaca en primer lugar el “extraordinario aumento de la población indígena”, además de las constantes sequías en Lanzarote y Fuerteventura, y sobre todo, “la depreciación en los mercados extranjeros de la cochinilla” que se experimentaba por aquellos años.


Por último, señala un aspecto fundamental en la historia del Archipiélago y es la sobrepoblación “relativa” de la misma, en relación a sus posibilidades económicas, con “una densidad de 62 habitantes por kilómetro cuadrado, muy superior a la Francia y a muchas de las naciones más ricas e industriales del mundo”.


© José Solórzano Sánchez


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