Hace más de cuarenta años, cuando buscaba información para un trabajo
que estaba realizando en aquellos momentos en la Biblioteca Municipal de Santa
Cruz (por entonces, con sede en la calle José Murphy) llegó a mis manos, casi
por casualidad, un opúsculo fechado en 1882.
El título, rimbombante, como buena parte de las letras decimonónicas,
parecía bastante sugerente, especialmente para un interesado en aspectos de
Geografía Humana referidos a Canarias.
“DICTAMEN
SOBRE LAS
CAUSAS Y ORIGEN DE LA EMIGRACIÓN
EN LAS PROVINCIAS
DE BALEARES Y CANARIAS
REDACTADO POR EL
EXCMO. SR. D. NICOLÁS DÍAZ Y PÉREZ
VOCAL DE LA COMISIÓN ESPECIAL PARA PROPONER LOS MEDIOS
DE EVITAR LA EMIGRACIÓN.
Tuve ocasión de consultarlo con tranquilidad y en general, tanto por el
índice como por lo que pude leer, se trataba del típico informe oficial de la
época, explicando, o más bien tratando de explicar, las causas de la intensa
emigración que afectaba a estas dos provincias insulares. Se hablaba también de
los abusos que se cometían en las repúblicas hispanoamericanas con nuestros
compatriotas y se aportaban posibles medidas tanto para frenar en lo posible
este flujo de salidas, como para garantizar un proceso migratorio digno, en
caso de producirse.
En general, pocas novedades para alguien acostumbrado a las lecturas
sobre este tema, tanto por necesidad, como por especialización académica e
incluso por placer.
Que la emigración transoceánica había sido un fenómeno secular en la historia
de Canarias, casi desde los momentos de la Conquista, no era novedad; se trata
de un fenómeno casi estructural durante casi quinientos años, que nunca
comprometió el aumento constante de la población por mor de los elevados
excedentes demográficos.
No obstante, en períodos de
crisis económica alcanzó cifras enormemente elevadas, tal como ocurría por
aquellos años (década de los ochenta del siglo XIX), cuando ante el derrumbe
del cultivo de la cochinilla, se desencadenó un tal proceso migratorio, que
llegó a alarmar al Gobierno de turno.
Este Dictamen, como se ha comentado, incide exhaustivamente en la citada
problemática, y sin embargo, fue precisamente uno de sus capítulos el que llamó
mi atención. Era la primera vez que tenía ocasión de leer algo sobre un destino
de la emigración canaria nuevo para mí. Después de haber consultado infinidad
de obras que abordaban el tema jamás había tenido información sobre la
corriente emigratoria de aquellos años a la colonia francesa de Argelia.
Resulta interesante, que incluso pasados los años, hasta el día de hoy, no he
vuelto a encontrar otra referencia al respecto.
Aquella información tan curiosa, a la vez que inesperada, ha permanecido
en mi memoria durante décadas; en más de
una ocasión tuve la intención de volver a la Biblioteca a refrescar aquella
lectura, sin embargo por un motivo o por otro nunca llegué a hacerlo.
Hace algún tiempo, consultando los fondos digitalizados de la
Universidad de Las Palmas me encontré nuevamente con el citado Dictamen, y
ahora sí, me he decidido a divulgar, en la medida de mis posibilidades, aquella
curiosidad que tanto llamó mi atención.
En el capítulo en cuestión, relativo a la inmigración española en
Argelia, el autor señala que desde el 23 de agosto hasta el 31 de diciembre de
1881, es decir, en apenas cuatro meses habían entrado por el puerto de Orán
5.499 españoles, de los que 1.561 procedían de la provincia de Canarias, es
decir, el 28,4%, cuando la población de las Islas apenas representaba el 1,9%
del total nacional. De estos, 798 provenían de Tenerife, 469 de Gran Canaria y
294 de La Palma.
En aquellos momentos, esta colonia francesa contaba con 2,9 millones de
habitantes, de los que unos dos millones y medio eran nativos. Los europeos,
unos 400.000, apenas representaban el 14%.
Curiosa resulta la distribución de la población europea, ya que los
franceses, originarios de la potencia colonial, no llegan ni a la mitad de
aquella.
|
Nacionalidad |
Total |
% |
|
Franceses |
160.000 |
40 |
|
Españoles |
99.700 |
25 |
|
Judíos locales |
35.000 |
9 |
|
Otros europeos |
105.300 |
26 |
Sin embargo, quizá el aspecto más
interesante de este capítulo sea la información que aporta el autor del
Dictamen sobre la distribución por provincias de los españoles residentes en la
colonia. Y esto tiene mucho que ver con la llegada masiva de isleños por estos
años, tal como se señaló anteriormente.
|
Provincia |
Total |
% |
|
Baleares |
24.960 |
25 |
|
Canarias |
17.680 |
17,7 |
|
Levante(*) |
26.330 |
26,4 |
|
Resto de provincias |
30.730 |
30,9 |
(*) Almería, Murcia, Alicante,
Valencia y Castellón.
Si atendemos al gráfico precedente, no es de extrañar que los
principales aportes a este contingente inmigratorio procedan de Baleares y las
provincias levantinas (alrededor del 50% del total), ya que son las más
próximas a las costas argelinas. En cambio, el caso de Canarias es realmente
curioso, no sólo por su volumen (casi el 18%), cuando la población de las
Islas, como ya se ha indicado, no llegaba ni al 2% del total nacional, sino
porque se trata de un destino realmente novedoso.
En efecto, en toda la documentación que he tenido ocasión de consultar
relativa a la emigración canaria, a lo largo de más de cuatro décadas, dos
hechos son incontestables: su importancia numérica a lo largo de los siglos e
Hispanoamérica como su destino casi único. Por ello resulta verdaderamente
significativo este nuevo foco de atracción en las últimas décadas del siglo
XIX.
No he encontrado referencia alguna a otros destinos que no fuese
Hispanoamérica, a excepción de algún caso tan puntual que resulta irrelevante,
de ahí el interés que pueda derivarse de este Dictamen. Tendríamos, sin lugar a
dudas y por su volumen, el segundo lugar de establecimiento de la emigración
canaria hasta aquellos momentos.
Desgraciadamente, desconocemos el tiempo de permanencia de este
colectivo en la antigua colonia francesa, o si los citados desplazamientos
continuaron produciéndose después de esta fecha y hasta cuándo.
Quizás el hecho que pudiera explicar esta “anomalía” en el tradicional
comportamiento migratorio de las Islas sea la extraordinaria crisis económica
que provocó en el Archipiélago el derrumbe del cultivo de la cochinilla y la
situación de miseria y desesperación que generó en la mayor parte de sus
habitantes.
Lo llamativo de esta situación es, que según el autor del Dictamen, a
pesar de su volumen, esta llegada de canarios a Argelia era lo que podríamos
llamar “la punta del iceberg”, porque por aquellos años el grueso de las
salidas siguió dirigiéndose a su destino tradicional “las Américas”. Insiste
además, que esta fuga masiva de isleños amenazaba con dejar despobladas “estas
dos preciosas provincias españolas” (refiriéndose a Canarias y Baleares).
En efecto, en el capítulo III del Dictamen, figura una disertación
bastante exhaustiva y pormenorizada sobre la importancia e incidencia de la
emigración en el Archipiélago. La aborda como un fenómeno consustancial a la
historia del mismo, e incluso se permite, para sus cálculos, llevar a cabo un
cruce de datos (oficiales y extraoficiales) para determinar su cuantía real.
Según Gobierno Civil, en los años
normales emigraban alrededor de 2.800 personas, mientras que en los de
calamidad pasaban de 5.000, cifra altísima para una población de 283.000
habitantes. A continuación plantea una serie de causas que la expliquen y
destaca en primer lugar el “extraordinario aumento de la población indígena”,
además de las constantes sequías en Lanzarote y Fuerteventura, y sobre todo, “la
depreciación en los mercados extranjeros de la cochinilla” que se experimentaba
por aquellos años.
Por último, señala un aspecto fundamental en la historia del
Archipiélago y es la sobrepoblación “relativa” de la misma, en relación a sus
posibilidades económicas, con “una densidad de 62 habitantes por kilómetro cuadrado,
muy superior a la Francia y a muchas de las naciones más ricas e industriales
del mundo”.
©
José Solórzano Sánchez

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