El
cuadro precedente muestra una relación de las 12 localidades o entidades de
población con mayor número de habitantes de la provincia para el año 1970.
Puede resultar extraño que no figure el
nombre de la segunda y la séptima, pero es precisamente el motivo de estos breves apuntes.
Antes de nada, conviene aclarar que el nomenclátor
de población es un documento de tipo oficial que viene publicándose en España,
periódicamente, desde la segunda mitad del siglo XIX. En general, y hasta
fechas recientes, tenía una periodicidad de diez años, ya que coincidían con
aquellos en los que se confeccionaba el censo de población, es decir, los
acabados en “0”.
Los censos, por lo general, aportan
información relativa a municipios y provincias, y desde hace algunas décadas, a
comunidades autónomas. El nomenclátor, además,
refleja las distintas subdivisiones
que integran el municipio, es decir, las diferentes entidades de
población.
Así, en la mayor parte de ellos, sobre todo los del siglo XX, las entidades aparecen clasificadas en distintas categorías: ciudad, villa, lugar, caserío, barrio, aldea, etc. En los del siglo XIX figuraban otras que poco a poco fueron desapareciendo como: casas de labranza, casas de pastores, arrabal, casas de pescadores, balneario, etc. Por el contrario, ya a finales del siglo pasado surgen otras acordes con el nuevo tipo de asentamientos, como por ejemplo, urbanización turística.
Otra consideración que tiene que ver con el
tema de este breve estudio es la especial configuración que presentan la
mayoría de los municipios canarios, o mejor dicho, como se distribuye la
población de los mismos. En ese sentido, las Islas se comportan casi como las
provincias de la cornisa Cantábrica o Galicia, es decir, la población del
término se reparte en numerosas entidades y no se concentra mayoritariamente en
la cabecera municipal, tal como ocurre
en otras regiones.
En los
últimos años, el crecimiento acelerado de la población y las elevadas
densidades han hecho que poco a poco se haya ido produciendo una concentración
de entidades, con lo que su número se ha ido reduciendo sensiblemente. Así, el
término municipal de La Laguna constaba
de 63 entidades en 1900, además de un
elevado porcentaje en diseminado, cuando su población apenas alcanzaba
los 13.000 habitantes. Actualmente, para un total de 160.000, las entidades son apenas 24.
Si atendemos al cuadro precedente, se puede
observar que las localidades más pobladas de la provincia eran cabeceras
municipales de aquellos más importantes, por lo general, además de tres barrios
y un caserío. Desvelando el “misterio” resulta que la segunda localidad
provincial por su volumen demográfico era un barrio de la capital, La Salud, y la séptima también otro aunque más alejado
del centro urbano: el de García Escámez-Somosierra.
Este hecho, aunque curioso, no resulta
demasiado extraño en el caso de Santa Cruz de Tenerife (y en otros muchos
municipios de la isla). En general, a lo largo del siglo XX, la cabecera municipal, lo que
podríamos denominar “Santa Cruz”, no hizo sino disminuir su importancia en el
conjunto de la población del término: 78,9% en 1900, 76,8% en 1930, 72,9% en
1950, 62% en 1960 y 49,5% en 1970.
Los caseríos de Anaga nunca han
representado un volumen significativo de la población total, por lo que la
mayor parte del crecimiento se produjo en los sectores más próximos al centro,
en los numerosos barrios que poco a poco fueron
naciendo y consolidándose hasta constituir un espacio urbano continuo.
Algunos fueron inicialmente pequeños
caseríos agrícolas que con el tiempo perdieron este carácter; otros, los más
recientes, surgieron directamente como barrios propiamente urbanos, en antiguas
áreas agrícolas o bien ocupando laderas y colinas improductivas, producto de
parcelaciones y urbanizaciones ilegales.
La mayoría de estos, relativamente próximos
al centro, mantuvieron durante décadas características propias, marcando sus
diferencias con la ciudad propiamente dicha, lo que explicaría una expresión bastante común
en personas de cierta edad, concretamente: “ir/bajar a
Santa Cruz”, cuando su domicilio posiblemente distaba apenas un
kilómetro de la Rambla, por poner un ejemplo.
Hasta el nomenclátor de 1970, la mayor
parte de estos barrios aparecían clasificados oficialmente como entidades
singulares de población: Buenos Aires, La Alegría, Salud, Las Delicias, Taco,
Tío Pino, Vuelta de los Pájaros, etc. hasta un total de veintidós. Por tanto,
no es de extrañar que la cabecera municipal, la ciudad de Santa Cruz de
Tenerife, ese año apenas concentraba la mitad de la población del término.
No obstante, pasada una década, ya en el
nomenclátor de 1981, todos ellos
desaparecen como entidades singulares y figuran integrados en la ciudad,
que por primera vez en la centuria reúne casi el 90% de la población del
término.
Hay que aclarar, no obstante, que este
porcentaje hubiera sido mucho más elevado de no haberse producido años antes la
anexión de una parte del término de El Rosario, actualmente distrito Suroeste.
Aquí se situaban una serie de barrios y caseríos (Barranco Grande, El Tablero, El Sobradillo,
Santa María del Mar, etc.) que representaban casi el 8% de la población
municipal.
Convendría ahora presentar algunas pinceladas
de aquel barrio chicharrero que en 1970 llegó a ser, por el número de
habitantes, la segunda entidad de la
provincia.
La Salud posee una serie de características
muy peculiares en el conjunto de la ciudad. En primer lugar, posiblemente sea,
de todos los barrios propiamente urbanos, el que presenta sus límites más
definidos desde el punto de vista geográfico. (1)
Tiene,
curiosamente, grandes similitudes con las ciudades de Nueva York o Huelva, ya
que se ubica en la confluencia de dos cauces “fluviales” como aquellas, aunque
con tres diferencias fundamentales: estos “cauces” no son de ríos sino de
barrancos (Santos y San Joaquín, este último actualmente cubierto en el tramo
que confina con el barrio); se encuentra a cierta distancia de la costa y sobre
todo, su altitud media es más elevada y la pendiente del terreno mucho más
acentuada.
La pendiente es uno de los elementos que
individualizan los dos sectores que conforman el barrio: Salud Bajo y Salud
Alto, separados por la calle Guía de Isora. En el primero, aquella parece ser
más pronunciada, como lo evidencian algunas calles, particularmente las que
siguen una dirección E-O: Hero, Benahoare y la misma Avenida de Venezuela. En
cambio, en Salud Alto, de urbanización más reciente, aparentemente mejor
planificado, el viario se adapta a las curvas de nivel, con lo que la sensación
de pendiente, aunque existe, es mucho menor.(2)
La segunda peculiaridad, además de su
configuración geográfica es la relativa proximidad al centro, a diferencia de
otros barrios de cierta entidad (Somosierra, García Escámez o la propia Ofra).
En efecto, tras la construcción del puente Javier de Loño, la distancia en
línea recta con el barrio de Salamanca es de apenas 200 m. o con la plaza de
Paz, 800 m. y por el oeste, con la
Avenida de las Islas Canarias, solamente 300 m.
El origen del barrio, como el de otros muchos, se vincula a la
parcelación ilegal de antiguas fincas agrícolas y a las viviendas de
autoconstrucción. Suele situarse en la década de los años cuarenta del pasado
siglo, cuando Santa Cruz experimentó el mayor crecimiento de su historia
moderna; en efecto, la población aumentó
casi un 50% en apenas una década ante la llegada masiva de inmigrantes
procedentes tanto de las islas menores como del resto de los municipios de
Tenerife. En las décadas siguientes las viviendas fueron ocupando lo que hoy
conocemos como Salud Bajo, el sector más oriental del barrio y el más próximo al
centro. En los confines de este espacio ya urbanizado, hacia el oeste, se instalaron los colegios,
el estadio y ya en los 70s, la iglesia.
Con posterioridad se fue llevando a cabo la urbanización de Salud Alto, avanzando hacia los límites del término municipal por el oeste. Pero en este caso, la ocupación del terreno fue llevada a cabo por entidades públicas con viviendas de promoción oficial, las conocidas “barriadas” de aquellos años. Hasta el año 1970 se construyeron varias promociones con más de dos mil quinientas viviendas: Mil viviendas (antiguas), Veinticinco de Julio, Mil viviendas (nuevas) y Las 108 viviendas. Allí se instalaron numerosas familias procedentes de antiguas ciudadelas, de otros barrios de la ciudad, especialmente Cabo-Llanos y de otras localidades de la Isla.
No es de extrañar, por tanto, que en unos años en los que la familia promedio se componía de 5 ó 6 miembros, el barrio de La Salud alcanzase los casi 19 mil habitantes en el censo de 1970. Estas cifras la convertían en la segunda entidad con mayor número de habitantes de la provincia, por delante de ciudades (y villas) como San Cristóbal de La Laguna, La Orotava, Puerto de la Cruz o Santa Cruz de la Palma.
Se da la circunstancia, que a diferencia de otros barrios capitalinos, esta será la primera y única vez que el La Salud aparece como entidad singular en un nomenclátor de población.
En el censo y consecuente nomenclátor de 1981, como se ha señalado, se produce la integración en la cabecera municipal de todos aquellos barrios urbanos que durante décadas venían apareciendo como entidades singulares de población: Salud, Perú, Ofra, Vista Bella, Valle Seco, Ramonal, Cuesta de Piedra, Delicias, Chamberí, Buenos Aires, Somosierra, García Escámez, etc. Únicamente se mantienen los de los distritos de Anaga (incluyendo San Andrés) y Suroeste.
Posiblemente haya sido el año 1970 (durante el cual se ocuparon 1.000 viviendas (última promoción oficial) y los inmediatos, cuando el barrio alcanzó su techo demográfico; a partir de entonces, tal como demuestran los datos, la población se ha ido reduciendo paulatinamente por diferentes motivos.
En primer lugar, con esta última promoción,
toda la superficie urbanizable quedó ocupada y los únicos cambios visibles
serían la construcción de algunos edificios de varias plantas en solares de
antiguas casas terreras. El barrio, no obstante, continuó creciendo hacia el
oeste, pero ya en terrenos del término municipal de La Laguna (urbanización El
Rocío).
Además, aquel volumen considerable de
población joven de décadas pasadas, con el paso del tiempo se ha instalado en
otros sectores de la ciudad o de municipios vecinos, fenómeno generalizado en barrios
consolidados donde no existe superficie urbanizable. Y por último, la propia
dinámica demográfica, con la consecuente reducción de la natalidad y el número
de miembros por familia, junto el envejecimiento de la población.
Precisamente, donde se aprecia con más
claridad la disminución de ésta en La Salud y la ausencia de niños y jóvenes es
en los centros educativos. El barrio contaba hasta comienzos de los años
setenta con dos colegios públicos (masculino y femenino) y dos academias
privadas, una en Salud Alto y otra en Salud Bajo. En ese momento se inaugura el
colegio público Hermanos Estévanez Murphy que llegó a ser, posiblemente y por algunos años, el de mayor cantidad de
alumnado de la isla.
En la
actualidad, aunque ambas academias continúan impartiendo sus enseñanzas, los centros públicos han
perdido casi las tres cuartas partes del alumnado de aquellos años. En el caso
de los antiguos masculino y femenino, se han integrado en un centro único.
El descenso en el número de habitantes es
patente en las últimas décadas y
posiblemente mucho mayor en la actualidad. Según un estudio del Ayuntamiento,
el barrio pasó de 13.874 habitantes en 2006 a 11.749 en 2014, casi la mitad de
los que contaba cuarenta y cinco años antes.
(1) (excepto en el sector O-NO, donde aquellos
son puramente administrativos, es decir, las viviendas confinan sin solución de
continuidad con el vecino término de La Laguna).
(2) Aunque los datos oficiales dan una altitud
media de 155 m. para el conjunto del barrio a nadie escapa la enorme diferencia
que existe entre la rotonda de la Avenida de Venezuela o el puente Javier de
Loño con la iglesia de Santiago Apóstol.
©
José Solórzano Sánchez

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