miércoles, 29 de enero de 2025

CUANDO UN BARRIO ERA LA SEGUNDA LOCALIDAD MÁS POBLADA DE LA PROVINCIA.

 



    El cuadro precedente muestra una relación de las 12 localidades o entidades de población con mayor número de habitantes de la provincia para el año 1970.


     Puede resultar extraño que no figure el nombre de la segunda y la séptima, pero es precisamente el motivo  de estos breves apuntes.


     Antes de nada, conviene aclarar que el nomenclátor de población es un documento de tipo oficial que viene publicándose en España, periódicamente, desde la segunda mitad del siglo XIX. En general, y hasta fechas recientes, tenía una periodicidad de diez años, ya que coincidían con aquellos en los que se confeccionaba el censo de población, es decir, los acabados en “0”.


     Los censos, por lo general, aportan información relativa a municipios y provincias, y desde hace algunas décadas, a comunidades autónomas. El nomenclátor, además,  refleja las distintas subdivisiones  que integran el municipio, es decir, las diferentes entidades de población.


     Así, en la mayor parte de ellos, sobre todo los del siglo XX, las entidades aparecen clasificadas en distintas categorías: ciudad, villa, lugar, caserío, barrio, aldea, etc. En los del siglo XIX figuraban otras que poco a poco fueron desapareciendo como: casas de labranza, casas de pastores, arrabal, casas de pescadores, balneario, etc. Por el contrario, ya a finales del siglo pasado surgen otras  acordes con el nuevo tipo de asentamientos, como por ejemplo,  urbanización turística.


     Otra consideración que tiene que ver con el tema de este breve estudio es la especial configuración que presentan la mayoría de los municipios canarios, o mejor dicho, como se distribuye la población de los mismos. En ese sentido, las Islas se comportan casi como las provincias de la cornisa Cantábrica o Galicia, es decir, la población del término se reparte en numerosas entidades y no se concentra mayoritariamente en la cabecera municipal, tal  como ocurre en otras regiones.


 En los últimos años, el crecimiento acelerado de la población y las elevadas densidades han hecho que poco a poco se haya ido produciendo una concentración de entidades, con lo que su número se ha ido reduciendo sensiblemente. Así, el término municipal de  La Laguna constaba de 63 entidades en 1900, además de un  elevado porcentaje en diseminado, cuando su población apenas alcanzaba los 13.000 habitantes. Actualmente, para un total de 160.000, las entidades  son apenas 24.


    Si atendemos al cuadro precedente, se puede observar que las localidades más pobladas de la provincia eran cabeceras municipales de aquellos más importantes, por lo general, además de tres barrios y un caserío. Desvelando el “misterio” resulta que la segunda localidad provincial por su volumen demográfico era un barrio de la capital, La Salud, y la séptima también otro aunque más alejado del centro urbano: el de García Escámez-Somosierra.


     Este hecho, aunque curioso, no resulta demasiado extraño en el caso de Santa Cruz de Tenerife (y en otros muchos municipios de la isla). En general, a lo largo del  siglo XX, la cabecera municipal, lo que podríamos denominar “Santa Cruz”, no hizo sino disminuir su importancia en el conjunto de la población del término: 78,9% en 1900, 76,8% en 1930, 72,9% en 1950, 62% en 1960 y 49,5% en 1970.


     Los caseríos de Anaga nunca han representado un volumen significativo de la población total, por lo que la mayor parte del crecimiento se produjo en los sectores más próximos al centro, en los numerosos barrios que poco a poco fueron  naciendo y consolidándose hasta constituir un espacio urbano continuo.


    Algunos fueron inicialmente pequeños caseríos agrícolas que con el tiempo perdieron este carácter; otros, los más recientes, surgieron directamente como barrios propiamente urbanos, en antiguas áreas agrícolas o bien ocupando laderas y colinas improductivas, producto de parcelaciones y urbanizaciones ilegales.


     La mayoría de estos, relativamente próximos al centro, mantuvieron durante décadas características propias, marcando sus diferencias con la ciudad propiamente dicha,  lo que explicaría una expresión bastante común en personas de cierta edad, concretamente: “ir/bajar a Santa Cruz”, cuando su domicilio posiblemente distaba apenas un kilómetro de la Rambla, por poner un ejemplo.


     Hasta el nomenclátor de 1970, la mayor parte de estos barrios aparecían clasificados oficialmente como entidades singulares de población: Buenos Aires, La Alegría, Salud, Las Delicias, Taco, Tío Pino, Vuelta de los Pájaros, etc. hasta un total de veintidós. Por tanto, no es de extrañar que la cabecera municipal, la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, ese año apenas concentraba la mitad de la población del término.


     No obstante, pasada una década, ya en el nomenclátor de 1981, todos ellos  desaparecen como entidades singulares y figuran integrados en la ciudad, que por primera vez en la centuria reúne casi el 90% de la población del término.


Hay que aclarar, no obstante, que este porcentaje hubiera sido mucho más elevado de no haberse producido años antes la anexión de una parte del término de El Rosario, actualmente distrito Suroeste. Aquí se situaban una serie de barrios y caseríos  (Barranco Grande, El Tablero, El Sobradillo, Santa María del Mar, etc.) que representaban casi el 8% de la población municipal.


Convendría ahora presentar algunas pinceladas de aquel barrio chicharrero que en 1970 llegó a ser, por el número de habitantes,  la segunda entidad de la provincia.


La Salud posee una serie de características muy peculiares en el conjunto de la ciudad. En primer lugar, posiblemente sea, de todos los barrios propiamente urbanos, el que presenta sus límites más definidos desde el punto de vista geográfico. (1)


 Tiene, curiosamente, grandes similitudes con las ciudades de Nueva York o Huelva, ya que se ubica en la confluencia de dos cauces “fluviales” como aquellas, aunque con tres diferencias fundamentales: estos “cauces” no son de ríos sino de barrancos (Santos y San Joaquín, este último actualmente cubierto en el tramo que confina con el barrio); se encuentra a cierta distancia de la costa y sobre todo, su altitud media es más elevada y la pendiente del terreno mucho más acentuada.


La pendiente es uno de los elementos que individualizan los dos sectores que conforman el barrio: Salud Bajo y Salud Alto, separados por la calle Guía de Isora. En el primero, aquella parece ser más pronunciada, como lo evidencian algunas calles, particularmente las que siguen una dirección E-O: Hero, Benahoare y la misma Avenida de Venezuela. En cambio, en Salud Alto, de urbanización más reciente, aparentemente mejor planificado, el viario se adapta a las curvas de nivel, con lo que la sensación de pendiente, aunque existe, es mucho menor.(2)

 


La segunda peculiaridad, además de su configuración geográfica es la relativa proximidad al centro, a diferencia de otros barrios de cierta entidad (Somosierra, García Escámez o la propia Ofra). En efecto, tras la construcción del puente Javier de Loño, la distancia en línea recta con el barrio de Salamanca es de apenas 200 m. o con la plaza de Paz, 800 m.  y por el oeste, con la Avenida de las Islas Canarias, solamente 300 m.


El origen del barrio, como  el de otros muchos, se vincula a la parcelación ilegal de antiguas fincas agrícolas y a las viviendas de autoconstrucción. Suele situarse en la década de los años cuarenta del pasado siglo, cuando Santa Cruz experimentó el mayor crecimiento de su historia moderna; en efecto,  la población aumentó casi un 50% en apenas una década ante la llegada masiva de inmigrantes procedentes tanto de las islas menores como del resto de los municipios de Tenerife. En las décadas siguientes las viviendas fueron ocupando lo que hoy conocemos como Salud Bajo, el sector más oriental del barrio y el más próximo al centro. En los confines de este espacio ya urbanizado,  hacia el oeste, se instalaron los colegios, el estadio y ya en los 70s, la iglesia.


Con posterioridad se fue llevando a cabo la urbanización de Salud Alto, avanzando hacia los límites del término municipal por el oeste. Pero en este caso, la ocupación del terreno fue llevada a cabo por entidades públicas con viviendas de promoción oficial, las conocidas “barriadas” de aquellos años. Hasta el año 1970 se construyeron varias promociones con más de dos mil quinientas viviendas: Mil viviendas (antiguas), Veinticinco de Julio, Mil viviendas (nuevas) y Las 108 viviendas. Allí se instalaron numerosas familias procedentes de antiguas ciudadelas, de otros barrios de la ciudad, especialmente Cabo-Llanos y de otras localidades de la Isla.






No es de extrañar, por tanto, que en unos años en los que la familia promedio se componía de 5 ó 6 miembros, el barrio de La Salud alcanzase los casi 19 mil habitantes en el censo de 1970. Estas cifras la convertían en la segunda entidad con mayor número de habitantes de la provincia, por delante de ciudades (y villas)  como  San Cristóbal de La Laguna, La Orotava,  Puerto de la Cruz o Santa Cruz de la Palma.


Se da la circunstancia, que a diferencia de otros barrios capitalinos, esta será la primera y única vez que el La Salud aparece como entidad singular en un nomenclátor de población.


En el censo y consecuente nomenclátor de 1981, como se ha señalado,  se produce la integración en la cabecera municipal de todos aquellos barrios urbanos que durante décadas venían apareciendo como entidades singulares de población: Salud, Perú, Ofra, Vista Bella, Valle Seco, Ramonal, Cuesta de Piedra, Delicias, Chamberí, Buenos Aires, Somosierra, García Escámez, etc. Únicamente se mantienen los de los distritos de Anaga (incluyendo San Andrés) y Suroeste.


Posiblemente haya sido el año 1970 (durante el cual se ocuparon 1.000 viviendas (última promoción oficial) y los inmediatos, cuando el barrio alcanzó su techo demográfico; a partir de entonces, tal como demuestran los datos, la población se ha ido reduciendo paulatinamente por diferentes motivos.




En primer lugar, con esta última promoción, toda la superficie urbanizable quedó ocupada y los únicos cambios visibles serían la construcción de algunos edificios de varias plantas en solares de antiguas casas terreras. El barrio, no obstante, continuó creciendo hacia el oeste, pero ya en terrenos del término municipal de La Laguna (urbanización El Rocío).


Además, aquel volumen considerable de población joven de décadas pasadas, con el paso del tiempo se ha instalado en otros sectores de la ciudad o de municipios vecinos, fenómeno generalizado en barrios consolidados donde no existe superficie urbanizable. Y por último, la propia dinámica demográfica, con la consecuente reducción de la natalidad y el número de miembros por familia, junto el envejecimiento de la población.


Precisamente, donde se aprecia con más claridad la disminución de ésta en La Salud y la ausencia de niños y jóvenes es en los centros educativos. El barrio contaba hasta comienzos de los años setenta con dos colegios públicos (masculino y femenino) y dos academias privadas, una en Salud Alto y otra en Salud Bajo. En ese momento se inaugura el colegio público Hermanos Estévanez Murphy que llegó a ser, posiblemente  y por algunos años, el de mayor cantidad de alumnado de la isla.


 En la actualidad, aunque ambas academias continúan impartiendo  sus enseñanzas, los centros públicos han perdido casi las tres cuartas partes del alumnado de aquellos años. En el caso de los antiguos masculino y femenino, se han integrado en un centro único.


El descenso en el número de habitantes es patente  en las últimas décadas y posiblemente mucho mayor en la actualidad. Según un estudio del Ayuntamiento, el barrio pasó de 13.874 habitantes en 2006 a 11.749 en 2014, casi la mitad de los que contaba cuarenta y cinco años antes.


(1) (excepto en el sector O-NO, donde aquellos son puramente administrativos, es decir, las viviendas confinan sin solución de continuidad con el vecino término de La Laguna).

(2) Aunque los datos oficiales dan una altitud media de 155 m. para el conjunto del barrio a nadie escapa la enorme diferencia que existe entre la rotonda de la Avenida de Venezuela o el puente Javier de Loño con la iglesia de Santiago Apóstol.

© José Solórzano Sánchez

 


miércoles, 22 de enero de 2025

Un episodio poco conocido de la emigración canaria. Isleños en Argelia.

 

Hace más de cuarenta años, cuando buscaba información para un trabajo que estaba realizando en aquellos momentos en la Biblioteca Municipal de Santa Cruz (por entonces, con sede en la calle José Murphy) llegó a mis manos, casi por casualidad, un opúsculo fechado en 1882.


El título, rimbombante, como buena parte de las letras decimonónicas, parecía bastante sugerente, especialmente para un interesado en aspectos de Geografía Humana referidos a Canarias.


“DICTAMEN

SOBRE LAS

 CAUSAS Y ORIGEN DE LA EMIGRACIÓN

 EN LAS PROVINCIAS

DE BALEARES Y CANARIAS

REDACTADO POR EL

EXCMO. SR. D. NICOLÁS DÍAZ Y PÉREZ

VOCAL DE LA COMISIÓN ESPECIAL PARA PROPONER LOS MEDIOS

DE EVITAR LA EMIGRACIÓN.

 

Tuve ocasión de consultarlo con tranquilidad y en general, tanto por el índice como por lo que pude leer, se trataba del típico informe oficial de la época, explicando, o más bien tratando de explicar, las causas de la intensa emigración que afectaba a estas dos provincias insulares. Se hablaba también de los abusos que se cometían en las repúblicas hispanoamericanas con nuestros compatriotas y se aportaban posibles medidas tanto para frenar en lo posible este flujo de salidas, como para garantizar un proceso migratorio digno, en caso de producirse.


En general, pocas novedades para alguien acostumbrado a las lecturas sobre este tema, tanto por necesidad, como por especialización académica e incluso por placer.


Que la emigración transoceánica había sido un fenómeno secular en la historia de Canarias, casi desde los momentos de la Conquista, no era novedad; se trata de un fenómeno casi estructural durante casi quinientos años, que nunca comprometió el aumento constante de la población por mor de los elevados excedentes demográficos.


 No obstante, en períodos de crisis económica alcanzó cifras enormemente elevadas, tal como ocurría por aquellos años (década de los ochenta del siglo XIX), cuando ante el derrumbe del cultivo de la cochinilla, se desencadenó un tal proceso migratorio, que llegó a alarmar al Gobierno de turno.


Este Dictamen, como se ha comentado, incide exhaustivamente en la citada problemática, y sin embargo, fue precisamente uno de sus capítulos el que llamó mi atención. Era la primera vez que tenía ocasión de leer algo sobre un destino de la emigración canaria nuevo para mí. Después de haber consultado infinidad de obras que abordaban el tema jamás había tenido información sobre la corriente emigratoria de aquellos años a la colonia francesa de Argelia. Resulta interesante, que incluso pasados los años, hasta el día de hoy, no he vuelto a encontrar otra referencia al respecto.


Aquella información tan curiosa, a la vez que inesperada, ha permanecido en mi memoria durante décadas;  en más de una ocasión tuve la intención de volver a la Biblioteca a refrescar aquella lectura, sin embargo por un motivo o por otro nunca llegué a hacerlo.




Hace algún tiempo, consultando los fondos digitalizados de la Universidad de Las Palmas me encontré nuevamente con el citado Dictamen, y ahora sí, me he decidido a divulgar, en la medida de mis posibilidades, aquella curiosidad que tanto llamó mi atención.


En el capítulo en cuestión, relativo a la inmigración española en Argelia, el autor señala que desde el 23 de agosto hasta el 31 de diciembre de 1881, es decir, en apenas cuatro meses habían entrado por el puerto de Orán 5.499 españoles, de los que 1.561 procedían de la provincia de Canarias, es decir, el 28,4%, cuando la población de las Islas apenas representaba el 1,9% del total nacional. De estos, 798 provenían de Tenerife, 469 de Gran Canaria y 294 de La Palma.


En aquellos momentos, esta colonia francesa contaba con 2,9 millones de habitantes, de los que unos dos millones y medio eran nativos. Los europeos, unos 400.000, apenas representaban el 14%.


Curiosa resulta la distribución de la población europea, ya que los franceses, originarios de la potencia colonial, no llegan ni a la mitad de aquella.

 

Nacionalidad

Total

%

Franceses

160.000

40

Españoles

99.700

25

Judíos locales

35.000

9

Otros europeos

105.300

26

 

Sin embargo,  quizá el aspecto más interesante de este capítulo sea la información que aporta el autor del Dictamen sobre la distribución por provincias de los españoles residentes en la colonia. Y esto tiene mucho que ver con la llegada masiva de isleños por estos años, tal como se señaló anteriormente.

 

Provincia

Total

%

Baleares

24.960

25

Canarias

17.680

17,7

Levante(*)

26.330

26,4

Resto de provincias

30.730

30,9

  (*) Almería, Murcia, Alicante, Valencia y Castellón.

 

Si atendemos al gráfico precedente, no es de extrañar que los principales aportes a este contingente inmigratorio procedan de Baleares y las provincias levantinas (alrededor del 50% del total), ya que son las más próximas a las costas argelinas. En cambio, el caso de Canarias es realmente curioso, no sólo por su volumen (casi el 18%), cuando la población de las Islas, como ya se ha indicado, no llegaba ni al 2% del total nacional, sino porque se trata de un destino realmente novedoso.


En efecto, en toda la documentación que he tenido ocasión de consultar relativa a la emigración canaria, a lo largo de más de cuatro décadas, dos hechos son incontestables: su importancia numérica a lo largo de los siglos e Hispanoamérica como su destino casi único. Por ello resulta verdaderamente significativo este nuevo foco de atracción en las últimas décadas del siglo XIX.


No he encontrado referencia alguna a otros destinos que no fuese Hispanoamérica, a excepción de algún caso tan puntual que resulta irrelevante, de ahí el interés que pueda derivarse de este Dictamen. Tendríamos, sin lugar a dudas y por su volumen, el segundo lugar de establecimiento de la emigración canaria hasta aquellos momentos.


Desgraciadamente, desconocemos el tiempo de permanencia de este colectivo en la antigua colonia francesa, o si los citados desplazamientos continuaron produciéndose después de esta fecha y hasta cuándo.


Quizás el hecho que pudiera explicar esta “anomalía” en el tradicional comportamiento migratorio de las Islas sea la extraordinaria crisis económica que provocó en el Archipiélago el derrumbe del cultivo de la cochinilla y la situación de miseria y desesperación que generó en la mayor parte de sus habitantes.


Lo llamativo de esta situación es, que según el autor del Dictamen, a pesar de su volumen, esta llegada de canarios a Argelia era lo que podríamos llamar “la punta del iceberg”, porque por aquellos años el grueso de las salidas siguió dirigiéndose a su destino tradicional “las Américas”. Insiste además, que esta fuga masiva de isleños amenazaba con dejar despobladas “estas dos preciosas provincias españolas” (refiriéndose a Canarias y Baleares).


En efecto, en el capítulo III del Dictamen, figura una disertación bastante exhaustiva y pormenorizada sobre la importancia e incidencia de la emigración en el Archipiélago. La aborda como un fenómeno consustancial a la historia del mismo, e incluso se permite, para sus cálculos, llevar a cabo un cruce de datos (oficiales y extraoficiales) para determinar su cuantía real.


Según  Gobierno Civil, en los años normales emigraban alrededor de 2.800 personas, mientras que en los de calamidad pasaban de 5.000, cifra altísima para una población de 283.000 habitantes. A continuación plantea una serie de causas que la expliquen y destaca en primer lugar el “extraordinario aumento de la población indígena”, además de las constantes sequías en Lanzarote y Fuerteventura, y sobre todo, “la depreciación en los mercados extranjeros de la cochinilla” que se experimentaba por aquellos años.


Por último, señala un aspecto fundamental en la historia del Archipiélago y es la sobrepoblación “relativa” de la misma, en relación a sus posibilidades económicas, con “una densidad de 62 habitantes por kilómetro cuadrado, muy superior a la Francia y a muchas de las naciones más ricas e industriales del mundo”.


© José Solórzano Sánchez


sábado, 18 de enero de 2025

Desmontando mitos.

 




                     Los Rodeos en 1946.


Una idea comúnmente aceptada, podríamos decir incluso, “de toda la vida”, es que el aeropuerto de Gando en Gran Canaria es el “más importante” del Archipiélago.

En un espacio tan fragmentado como el nuestro y donde ha existido un pleito secular entre las denominadas “islas mayores” por querer ser “la más” o tener “el/la más” de la región, el término “más importante”, que se adjudica al citado aeropuerto, incluirían, sin discusión alguna, todas las variables que corresponden a este tipo de instalaciones.

Y así, en cualquier conversación al respecto que se precie, dos ideas son incontestables desde el primer momento: Tenerife tiene dos aeropuertos, pero el “más importante del Archipiélago es el de Gando” y a partir de ahí, cualquier aportación extra, sobra. Insisto, el término “importante” es utilizado muchas veces para ocultar otros adjetivos calificativos que pueden tener su interés, según se mire.

Y este calificativo de “más importante” se ha convertido en un auténtico mantra, que nadie pone en cuestión, para generaciones de canarios (y foráneos).

Es indudable que durante décadas este hecho ha sido una realidad incontestable. Gando fue el primer aeropuerto de las Islas en abrirse al tráfico de pasajeros (1933), casi tres lustros antes que Los Rodeos (1946). Por otra parte, es el único que cuenta con dos pistas (la segunda, data de 1980).

También es cierto que durante décadas se convirtió en centro neurálgico para la redistribución de viajeros europeos en los inicios del turismo en las dos islas más orientales, cuando estas apenas contaban con pequeños aeródromos no aptos para vuelos internacionales. Es decir, gestionaba no sólo el tráfico turístico que se dirigía a Gran Canaria, sino también a Lanzarote y Fuerteventura. 

Por su parte, Los Rodeos, con sus evidentes  limitaciones, nunca pudo competir con aquél, ni en instalaciones ni en tráfico, ocupando un papel secundario. Sin embargo, la situación empezó a cambiar con el desarrollo de los aeropuertos de Lanzarote y Fuerteventura, y especialmente, tras la apertura del aeropuerto de Tenerife Sur (1978).

Desde entonces, la situación ha ido cambiando, y a pesar de que en la actualidad Gando continúa siendo el aeropuerto de mayor tráfico de pasajeros y mercancías del Archipiélago, por decirlo de alguna manera, “ya no lo es tanto”.

En efecto, en 1990, Tenerife Sur, el segundo aeropuerto por volumen de tráfico de la región, representaba el 76,6% de los pasajeros que movilizaba Gando (1); en el año 2010, el 77% (2); en 2019, el 84% (3) y finalmente, en 2024, el 90% (4).

De estos datos puede concluirse que esa primacía de Gando, en relación a Tenerife Sur, se va reduciendo a pasos acelerados, y no sería aventurado afirmar que más pronto que tarde podría llegar a desaparecer.

Además, hay que tener en cuenta que el tráfico de pasajeros del aeropuerto de Gando incluye tanto el tráfico internacional como el nacional e interinsular (5). Mientras que en Tenerife Sur el tráfico  de pasajeros nacional e interinsular puede que apenas rebase el 15% del total.

Vamos a intentar matizar el término “más importante” en el contexto regional aplicado al aeropuerto de Gando, llevando a cabo las aclaraciones pertinentes.

Gando ha sido durante décadas y continúa siendo el primero del Archipiélago en tráfico de viajeros, mercancías y aeronaves, como indican las cifras oficiales de AENA para el pasado año 2024.

Sin embargo, el aeropuerto canario con mayor tráfico internacional, con diferencia, es el Tenerife Sur, tal como demuestran los informes anuales del citado organismo y el ISTAC.

Hay que aclarar, no obstante,  que la información que proporciona este último corresponde al conjunto de la isla de Tenerife, por lo que incluiría “teóricamente” a los viajeros internacionales de ambos aeropuertos.

En los Rodeos únicamente funcionan dos líneas con el extranjero (Marrakech y Roma) en periodo estival y con una frecuencia limitada, por lo que el número de viajeros de este tipo debe ser insignificante. Siendo  muy generosos le hemos atribuido el 2% del total de los que entran en la isla (unos 120.000). Descontando esta cifra al total tenemos los siguientes resultados para el año 2024.

 

 

AEROPUERTO

Llegada de pasajeros desde el extranjero (2024)

Tenerife Sur

 

6.125.000 (a)

Gando

 

3.978.000

(a).Se han descontado los 120.000 que corresponderían a Los Rodeos.

 

Resulta por tanto que el aeropuerto Tenerife Sur recibe más de dos millones de viajeros extranjeros que el de Gando, algo así como un 54%.

Pero además, no se trata de un fenómeno reciente sino que se remonta a como mínimo a tres décadas. El ISTAC proporciona este tipo de información desde el año 2004.

 

 

AEROPUERTO

Llegada de pasajeros desde el extranjero (2004)

Tenerife Sur

 

3.380.000 (a)

Gando

 

2.770.000

(a).Se ha aplicado una reducción del 2%

 

En 1990 el CEDOC publicó unas estadísticas similares, diferenciando en este caso los dos aeropuertos de Tenerife, con las siguientes cifras:

 

 

AEROPUERTO

Llegada de pasajeros desde el extranjero (1990)

Tenerife Sur

 

3.811.000

Gando

 

3.485.000

Los Rodeos

 

46

 

Por tanto, y a tenor de la información presentada podemos concluir que el aeropuerto con mayor tráfico internacional del Archipiélago, desde hace al menos 34 años, es el de Tenerife Sur y que esa primacía en relación al de Gando no ha hecho sino acentuarse a lo largo del tiempo: 9,3% en 1990, 22% en 2004 y 54% en 2024.

Como complemento a todo lo expuesto anteriormente convendría señalar que el aeropuerto de Los Rodeos vendría a funcionar como una segunda terminal destinada a vuelos domésticos (nacionales e interinsulares) y el de Tenerife Sur se destinaría fundamentalmente a tráfico internacional y en menor medida a vuelos domésticos.

Por eso, el complejo aeroportuario de la isla de Tenerife, constituido por ambos aeropuertos, acogió en 2023, según AENA, 18.457.000 de pasajeros, un 32% más que el correspondiente a Gando, que sirve a la isla de Gran Canaria.

Curiosamente, hace 34 años, el panorama era bien distinto, Gando registraba, según el CEDOC, un 8% más de pasajeros que los dos aeropuertos de Tenerife en su conjunto.

(1).CEDOC.

(2) (3) (4) ISTAC. AENA.

(5) En 2024, según el ISTAC casi el 49% del tráfico de pasajeros en Gando era  nacional e interinsular.


© José Solórzano Sánchez