La
inmigración de las Canarias orientales en el Valle de Güímar (1900-1975)
Este artículo
tiene para mí un significado especial porque se trata de mi primera
publicación, recién acabada mi licenciatura. Apareció en 1981 en el primer
número del Anuario del Departamento de Geografía de la Universidad de La
Laguna, y posteriormente, en 1993, en el número 201 de la revista Aguayro, que
editaba en Las Palmas la Caja de Canarias.
Lo he
rescatado porque en los momentos en que fue elaborado se abordaba un tema, la
emigración tradicional de las islas de Fuerteventura y Lanzarote y ni por asomo
se podía imaginar que después de unas décadas, este fenómeno daría un giro tan
espectacular, hasta convertir a estas islas en las de mayor crecimiento
demográfico y con las tasas más elevadas de inmigración del Archipiélago.
…….
El
presente estudio forma parte de un trabajo más amplio referido a las
transformaciones espaciales experimentadas por la comarca tinerfeña del Valle
de Güímar, a lo largo del siglo actual, y solo pretende ser una aportación
más a la comprensión del fenómeno de los
movimientos migratorios interinsulares.
En la
comarca de nuestro estudio, situada en el SE de Tenerife, a poca distancia de
la capital, los fenómenos migratorios –emigración e inmigración- han jugado un
papel primordial en su dinámica demográfica, como en el resto de la región.
El
estudio de la emigración exterior, capítulo fundamental en la historia del
Archipiélago, ha sido tratado intensamente por multitud de especialistas, sin
embargo, las migraciones dentro de la misma isla, o entre éstas, es un aspecto
que no ha gozado del mismo interés, y no precisamente por su escasa
importancia, puesto que su volumen, muy difícil de cuantificar y periodificar,
debe haber sido notable. A este respecto señala Roselló: “El papel individual
de las islas en las migraciones interiores, o de los municipios entre sí, solo
puede deducirse del estudio de los padrones y documentos originales de los
censos, uno por uno, labor a todas luces enorme, ni que se recurriera a un leve
muestreo. No cabe duda de la función emisora de las islas de Fuerteventura y
Lanzarote, y del papel receptor de los nuevos regadíos de Canarias, las islas
mayores, ahora bien, las cifras probativas no están a nuestro alcance” (1).
Hemos
centrado nuestro ámbito de estudio en la comarca de Güímar, con referencia
temporal al año censal de 1930 (dado que es la primera vez en este siglo que
puede constatarse una afluencia de
inmigrantes, procedentes de las islas orientales). La fuente principal en la
que nos hemos apoyado ha sido el análisis exhaustivo del Padrón de habitantes
de ese mismo año, correspondiente a Güímar, Arafo y Candelaria(2). También se han consultado los
padrones de dichas localidades de 1900, 1960, 1970 y 1975.
(1)Rosselló Verger, V. “Dinámica de la población de las Canarias Orientales”.
Aportación española al XXI Congreso Geográfico Internacional. Madrid 1968. pp.185-218.
1.La
emigración de Lanzarote y Fuerteventura: esbozo histórico.
a)Siglos XVI, XVII y XVIII.
Las crisis de subsistencia fueron
uno de los males más frecuentes en las islas durante varios siglos. Lanzarote y
Fuerteventura, que constituían los graneros de las restantes, deficitarias y
con un mayor poblamiento, soportaron periódicamente y con virulencia los efectos de las mismas. Así,
George Glas, en la segunda mitad del siglo XVIII señala: “En Lanzarote y
Fuerteventura se producen varias clases
de cereales, es decir, trigo, maíz, cebada, en tal abundancia que no sólo
abastece a los habitantes, sino a los de Tenerife y La Palma, las cuales
dependen muchísimo de aquellas islas para su sustento” (3).
Lanzarote y Fuerteventura tenían
prohibida la exportación de grano al exterior, excepto a las demás; este hecho
determinaba en los años de abundancia el bajo precio, apenas compensaba las
labores, por lo que a sus habitantes les resultaba indiferente sembrar más de
lo necesario. Sin embargo, en los años de escasez, el hambre se cebaba sobre
ellos, y por supuesto, sobre las islas deficitarias.
(2)Los municipios de Güímar y Candelaria desbordan el ámbito geográfico
del Valle, por lo que sólo se han tenido en cuenta los fenómenos relativos a éste, excluyéndose
la información referente a entidades que
formando parte de ambos municipios no se encuentran en el Valle.
(3)Glas, G.
Descripción de las Islas Canarias, 1764. Instituto de Estudios canarios. La Laguna. 1976, pág. 37.
Roldán Verdejo (4) ha estudiado el fenómeno de las crisis de subsistencia en
Fuerteventura, que pueden hacerse extensivas a Lanzarote, con las consiguientes
reservas; pueden apreciarse claramente los efectos catastróficos de las sequías
a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, no sólo en estas islas, sino
también en Tenerife y Gran Canaria. A lo largo de este amplio periodo se
alternan años de buenas cosechas -1672, 1677- con años de sequía, y por tanto
sin grano -1674, 1675, 1676, 1683, 1685, 1693, 1703, 1721, 1769, 1770 y 1771.
Lo corriente son un par de años buenos en cada decenio, dos o tres estériles y
el resto mediano (5).
Lo más frecuente es que ante estas
condiciones gran parte de la población tuviese que trasladarse a las islas de
Tenerife y Gran Canaria, por hallarse en mejores condiciones económicas. En
1685, se dice que de 800 vecinos que tenía la isla de Fuerteventura, sólo
quedaban 200. En Gran Canaria viven los emigrantes de las limosnas, llegando a
morir 500 personas. La situación se agrava en Gran Canaria y las autoridades se
ven obligadas a reembarcar a muchos majoreros (6).
(4)Roldán, R.
El hambre en Fuerteventura (1600-1800).
Aula de Cultura de Tenerife. 1968.
(5)Roldán, R. Op.cit.
(6)Roldán, R. Op.cit.
Al volver
el hambre en 1721 las islas orientales se quedan casi vacías (…). Unos tres mil
refugiados llegan a Tenerife, y el sólo pueblo de El Sauzal se vio obligado a dar cobijo y alimento a 600
de ellos. En Fuerteventura apenas quedaban 4.200 personas de las que sólo 250
podían mantenerse por sus propios medios (7).
El año de 1771 fue otra fecha
infausta, volvió a faltar la cosecha en Lanzarote y Fuerteventura y gran parte
de sus habitantes se trasladaron a Tenerife, por las mismas razones de siempre,
por ser la isla más rica y mejor provista en pan (8).
Según el censo de Aranda, 1769 (9), en el capítulo referido a
Fuerteventura y en su división por pueblos, en Betancuria (4.114 habitantes),
se lee: “194 ausentes que se han ido a las islas de Canaria y Tenerife por la
gran necesidad que se padece en ésta”. Al mismo tiempo, al referirse a Pájara (2.575
habitantes) se señala: “550 ausentes en las islas de Canaria y Tenerife,
huyendo de la necesidad que se padece en ésta de Fuerteventura”.
(7)Cioranescu, A.
Historia de Santa Cruz de Tenerife.
1977. Tomo II. pp.225.
(8)Cioranescu, A. Op. cit. pp. 225-226.
(9)Jiménez de Gregorio, F.
La población de las Islas Canarias en la
segunda mitad del siglo XVIII.
A.E.A. 1968, nº 14, pp. 127-301.
Es indudable que en estos traslados masivos
de población, producidos por la escasez de alimentos, no eran duraderos;
efectivamente, conforme mejoraban las condiciones climáticas, gran parte de
ellos regresaban a sus lugares de
origen, y los que permanecían se veían obligados a retornar ante las
diversas presiones; como señala Cioranescu: “A petición de los vecinos, el
Personero pidió que se estudiasen las medidas más eficaces para despedir a
estos huéspedes incómodos que siempre que nos han
hecho
semejantes visitas nos han traído igual regalo: siempre nos han causado
epidemias” (10).
Puede afirmarse, por tanto, que la
expulsión periódica de pobladores en Fuerteventura y Lanzarote, que se
dirige a aquellas de mayores recursos,
sólo es asimilada de modo temporal, ya que amenazaba con romper el frágil
equilibrio población/subsistencias, si su presencia se alargaba; de ahí que
estas inmigraciones temporales se vieran irremediablemente obligadas a retornar
a sus islas de procedencia. De lo anteriormente expuesto, podemos concluir que
tales desplazamientos podrían calificarse más que de inmigración propiamente
dicha, de movimientos cíclicos, en consonancia con las crisis carenciales.
b)El siglo XIX.
A lo largo del siglo XIX y sobre todo a
partir de 1857, con la aparición del primer censo oficial de población, pueden
estudiarse de una manera más rigurosa estos movimientos de población
interinsulares, explotando la información ofrecida por los
padrones municipales y por el propio censo. Si observamos los censos de
población de este periodo, se comprueba que a lo largo de la segunda mitad del
siglo XIX persiste en las dos islas orientales el fenómeno migratorio, mucho
más acentuado en Fuerteventura. Mientras las restantes islas del Archipiélago
–aunque con diferencias entre ellas- aumentan sus efectivos poblacionales
notablemente, las dos orientales no siguen esta tendencia; al mismo tiempo,
excepto Lanzarote y Fuerteventura, -con una evolución muy irregular, con
periodos intercensales donde la crisis es evidente- , el crecimiento del resto
del Archipiélago es rápido unas veces y otras lento, pero siempre continuo, y
casi sin altibajos.
A lo largo de este periodo, el auge de
la cochinilla impulsó una corriente migratoria desde las islas de Lanzarote y
Fuerteventura hacia Gran Canaria. La economía de estas islas fue durante este
periodo, prácticamente de subsistencia. Lanzarote se vio menos afectada por
este proceso migratorio, pero Fuerteventura apenas varía sus efectivos de
población y este estancamiento es el rasgo que mejor define su evolución
demográfica (en 1789 su población era de 10.614 habitantes; en 1857, 14.412 y
en 1900, 11.699.
Los motivos que explicarían este
fenómeno en la segunda mitad del siglo XIX serían muy variados: repercusiones
de la caída de la cochinilla, aridez
permanente, y por lo tanto, dificultad para reestructurar los cultivos, etc.
Como señala J. Hernández: “Si Canarias se vio afectada por la sequía en estos años,
Lanzarote y Fuerteventura –a tenor de la documentación- los efectos fueron
particularmente devastadores. Con frecuencia
“conejeros” y “majoreros” cuando no llegaban las lluvias, veíanse obligados a huir a las islas “mayores” (Tenerife y Gran Canaria),
o hacia América directamente. Fueron particularmente duros para estas islas
orientales los inicios de los años 60 y 80, en este último periodo, “el pueblo
de Tiscamanita en Fuerteventura, pasó, como consecuencia de la sequía, de 1.000
habitantes a 100, pues casi todos sus moradores habían emigrado” (11).
Al ser una emigración fundamentalmente
de familias enteras, el retorno se hacía más difícil, a diferencia de las islas
occidentales, ya que al emigrar en grupo, el arraigo en el lugar de llegada era
mucho mayor.
En líneas generales, el Archipiélago
experimenta un notable crecimiento de población en el primer tercio del siglo
actual (cuadro nº 1). Se aprecia una
etapa ascendente en la primera década del siglo que coincide con el desarrollo
de la agricultura comercial de regadío y el auge del tráfico marítimo, al que
contribuye también el retorno de emigrantes desde América.
(11)Hernández García, J.
“La emigración canaria
contemporánea. (1853-1898).
Historia General de las Islas Canarias. T. 5, pág. 103.
Nº1 Evolución de la población de las islas Canarias (1900-1930).
|
Isla
|
Pob. 1900
|
Pob. 1910
|
Pob. 1920
|
Pob.1930
|
|
Tenerife
|
138.008
|
180.302
|
176.998
|
218.887
|
|
Gran Canaria
|
127.471
|
162.601
|
173.552
|
216.851
|
|
La Palma
|
41.994
|
45.752
|
46.482
|
51.784
|
|
La Gomera
|
15.358
|
18.420
|
20.485
|
25.405
|
|
Hierro
|
6.505
|
6.822
|
7.225
|
8.071
|
|
Lanzarote
|
17.556
|
19.436
|
21.516
|
22.430
|
|
Fuerteventura
|
11.690
|
10.615
|
11.305
|
11.708
|
Fuente. Censos oficiales.
El segundo decenio del periodo en
estudio se caracteriza por un marcado estancamiento poblacional, como
consecuencia de la crisis en la exportación, y por lo tanto en los puertos,
tras el estallido de la Primera Guerra Mundial. Por último, la década de
los
veinte fue una etapa de fuerte crecimiento, al reanudarse las actividades
agrícola y exportadora tras la normalización de las relaciones comerciales con
Europa, y con el regreso de gran número de emigrantes que habían abandonado las
islas en la época precedente.
Esta es la tendencia general en el
Archipiélago, sin embargo existen notables diferencias entre las islas: elevado
crecimiento en aquellas donde el regadío tiene importancia, Gran Canaria,
Tenerife –y en menor medida La Palma-, además de La Gomera; crecimiento mucho
menor en las islas en las que predomina el secano: Hierro, Lanzarote y
Fuerteventura, en esta última, más que de crecimiento habría que hablar de
estancamiento: en 1857 contaba con 11.412 habitantes y en 1930 sólo 11.708.
Como hemos visto anteriormente,
queda patente la importancia del fenómeno emigratorio en la dinámica
demográfica de Fuerteventura –y a menor escala en Lanzarote- hasta el
punto que entre 1901 y 1930 la primera
presenta un saldo migratorio negativo que supone casi el 50% de la población
censada en 1900 (12). Ahora bien, si
cuantitativamente podemos comprobar la importancia de este fenómeno, resulta
mucho más difícil determinar los lugares de destino, y sobre todo, el tipo de
emigración.
Por lo que respecta a los lugares de
destino, habrá que citar en primer lugar la isla de Gran canaria, y su capital.
“Gran Canaria en general, y Las Palmas en particular, se convierten en foco y
polo de atracción de la población de Lanzarote y Fuerteventura, generalizándose
desde la segunda mitad del siglo XIX una corriente migratoria desde esas islas
hacia Gran Canaria”(13).
La isla de Tenerife, no obstante,
también atrajo la emigración de estas islas (no hay que olvidar que hasta 1927
Santa Cruz de Tenerife fue la capital única de Canarias). Así, en 1930, en
7,39% de los inmigrantes de origen canario en La Laguna procedían de Lanzarote y
Fuerteventura (14).
(12)García Barbancho, A.
Las emigraciones interiores españolas.
(13)Noreña Salto, M.T.
Canarias: política y sociedad durante la Restauración.Las Palmas. 1977. Tomo I, p. 31.
(14)Quirós Linares, F.
La población de La Laguna (1837-1960) La Laguna. 1975. Pág. 43.
El análisis de los Padrones
municipales de 1930 correspondientes a los municipios de Güímar. Arafo y
Candelaria nos muestran a la comarca como un foco muy atractivo para los
habitantes de las dos islas orientales en la década de los años veinte.
En 1900, según el Padrón municipal,
residían en el Valle de Güímar 7
majoreros y 3 lanzaroteños: en 1930, su número ascendía a 615, correspondiendo
308 a Lanzarote y 305 a Fuerteventura, concentrados fundamentalmente el Güímar
(81,78%). En Arafo residía el 11,86% del total y en Candelaria poco más del 6%.
Si observamos el tiempo que llevaban
residiendo en la zona (cuadro nº2), podemos apreciar que solamente el 2,6% del
total llegó con anterioridad a 1920, mientras que el 77,89% lo hizo entre 1925
y 1930. La llegada de estos inmigrantes coincide con una etapa de gran
actividad roturadora y puesta en cultivo de los sectores del valle por debajo
de los 300 m. de altitud, y el cultivo a gran escala del plátano y el tomate.
Nº2 Año de llegada de la inmigración procedente de Lanzarote y
Fuerteventura al Valle de Güímar.
|
Año
|
Total
|
%
|
Año
|
Total
|
%
|
|
1930
|
127
|
20,65
|
1923
|
31
|
5,04
|
|
1929
|
75
|
11,86
|
1922
|
21
|
3,40
|
|
1928
|
124
|
20,16
|
1921
|
10
|
1,62
|
|
1927
|
53
|
8,61
|
1920
|
18
|
2,92
|
|
1926
|
48
|
7,81
|
1910-1919
|
11
|
1,78
|
|
1925
|
53
|
8,61
|
1900-1910
|
4
|
0,65
|
|
1924
|
41
|
6,66
|
Antes de 1900
|
1
|
0,16
|
Fuente. Padrones municipales de habitantes. Elaboración propia
(15)La muesca que aparece en los grupos de edad de 0-4 y de 5-9 años,
para los dos sexos, se debe a que no hemos contabilizado gran número de niños,
hijos de estas familias de inmigrantes, pero nacidos ya en la zona de estudio.
Del análisis de las cifras obtenidas
(cuadro nº 3) se desprende el rasgo más llamativo del nivel de instrucción de
los inmigrantes, y es precisamente la gran proporción de analfabetos, que era
la tónica general en el Archipiélago para
aquellos años, si bien aquí aparezca más acentuado debido al origen predominantemente
rural de la población inmigrada. Una peculiaridad a destacar es que el
analfabetismo era ligeramente superior en los varones que en las mujeres,
fenómeno poco usual. No obstante, estas cifras son bastante discutibles puesto
que el encabezamiento “sabe leer y/o escribir” que figura en los padrones es
muy ambiguo, y en éste cabría desde un nivel universitario hasta el saber
firmar simplemente (fig. nº 2).
Nº3 Tasa de analfabetismo por sexos (inmigrantes 1930).
|
Municipio
|
Varones
|
Mujeres
|
Total
|
|
Güímar
|
79,82
|
74,90
|
77,40
|
|
Arafo
|
71,90
|
56,00
|
65,00
|
|
Candelaria
|
46,70
|
35,30
|
40,70
|
|
Valle
|
77,00
|
70.50
|
74,00
|
Fuente. Padrones municipales de habitantes. Elaboración propia.
La actividad económica de dicha población era
casi exclusivamente la agricultura (cuadro nº 4), siendo la proporción de
jornaleros superior al 92% del total de la población activa. Aparecía un número
reducido de labradores (precisamente los que llevaban más tiempo residiendo en
la comarca) y de “camelleros”,
actividad que nos remite directamente el lugar de origen de esos activos. Los sectores secundario y terciario revisten
escasa importancia (sastre, panadero, cartero, maestra, chófer, guardia municipal,
etc.). El predominio evidente de las actividades agrícolas no es de extrañar,
si tenemos en cuenta que en esos años se desarrolló en la comarca una potente
actividad roturadora y de puesta en cultivo de los sectores costeros que
requerían abundante mano de obra asalariada.
Nº4 Sectores de actividad para los
inmigrantes (1930).
|
Sectores
|
Total
|
%
|
|
Primario
|
360
|
95,5
|
|
Secundario
|
12
|
3,2
|
|
Terciario
|
5
|
1,3
|
Fuente. Padrones municipales de habitantes. Elaboración propia.
Nº5 Tasas de actividad por sexos
para los inmigrantes (1930).
|
Municipio
|
Varones %
|
Mujeres %
|
Total %
|
|
Güímar
|
92,00
|
64,18
|
78,00
|
|
Arafo
|
90,60
|
-
|
50,90
|
|
Candelaria
|
86,60
|
5,90
|
37,80
|
|
Valle
|
91,50
|
54,00
|
72,90
|
Fuente. Padrones municipales de habitantes. Elaboración propia.
No queremos finalizar sin hacer mención
a la inmigración grancanaria en la comarca, que si bien nunca alcanzó el
volumen de la procedente de Lanzarote y Fuerteventura, su participación nunca
ha dejado de aumentar desde principios de siglo; así, en 1930 los nacidos en
Gran Canaria solo suponían el 10% de los inmigrantes procedentes de la
provincia de las Plmas, en 1960 eran ya un 25% y en 1970 el 30%.
Conclusiones.
1.El fenómeno de la emigración
constituye quizás la característica fundamental en la dinámica demográfica de
las islas de Lanzarote y Fuerteventura, a lo largo de toda su historia.
2.El destino tradicional de esta
emigración, dentro del Archipiélago, ha sido las islas de Gran Canaria y
Tenerife, particularmente sus capitales.
3.A partir de 1920 se observa una corriente
migratoria, con un volumen nada desdeñable, que procedente de estas islas se
asienta en el valle de Güímar. Se trata, en su inmensa mayoría, de mano de obra
asalariada que jugará un papel destacado en el proceso de puesta en cultivo de
los sectores de la comarca próximos a la costa, con la particularidad de que se
trata fundamentalmente de familias completas.
4.Esta corriente migratoria hacia la
zona persiste, con menos fuerza, hasta los años setenta. En 1975, el municipio
de Güímar ocupa el tercer lugar de la provincia, tras los de santa Cruz y La Laguna,
por el número de canarios orientales residentes en el mismo.




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