martes, 12 de diciembre de 2017

La inmigración de las Canarias orientales en el Valle de Güímar (1900-1975)


La inmigración de las Canarias orientales en el Valle de Güímar  (1900-1975)

Este artículo tiene para mí un significado especial porque se trata de mi primera publicación, recién acabada mi licenciatura. Apareció en 1981 en el primer número del Anuario del Departamento de Geografía de la Universidad de La Laguna, y posteriormente, en 1993, en el número 201 de la revista Aguayro, que editaba en Las Palmas la Caja de Canarias.

Lo he rescatado porque en los momentos en que fue elaborado se abordaba un tema, la emigración tradicional de las islas de Fuerteventura y Lanzarote y ni por asomo se podía imaginar que después de unas décadas, este fenómeno daría un giro tan espectacular, hasta convertir a estas islas en las de mayor crecimiento demográfico y con las tasas más elevadas de inmigración del Archipiélago.

…….

El presente estudio forma parte de un trabajo más amplio referido a las transformaciones espaciales experimentadas por la comarca tinerfeña del Valle de Güímar, a lo largo del siglo actual, y solo pretende ser una aportación más  a la comprensión del fenómeno de los movimientos migratorios interinsulares.
        En la comarca de nuestro estudio, situada en el SE de Tenerife, a poca distancia de la capital, los fenómenos migratorios –emigración e inmigración- han jugado un papel primordial en su dinámica demográfica, como en el resto de la región.

El estudio de la emigración exterior, capítulo fundamental en la historia del Archipiélago, ha sido tratado intensamente por multitud de especialistas, sin embargo, las migraciones dentro de la misma isla, o entre éstas, es un aspecto que no ha gozado del mismo interés, y no precisamente por su escasa importancia, puesto que su volumen, muy difícil de cuantificar y periodificar, debe haber sido notable. A este respecto señala Roselló: “El papel individual de las islas en las migraciones interiores, o de los municipios entre sí, solo puede deducirse del estudio de los padrones y documentos originales de los censos, uno por uno, labor a todas luces enorme, ni que se recurriera a un leve muestreo. No cabe duda de la función emisora de las islas de Fuerteventura y Lanzarote, y del papel receptor de los nuevos regadíos de Canarias, las islas mayores, ahora bien, las cifras probativas no están a nuestro alcance” (1).

Hemos centrado nuestro ámbito de estudio en la comarca de Güímar, con referencia temporal al año censal de 1930 (dado que es la primera vez en este siglo que puede constatarse una afluencia  de inmigrantes, procedentes de las islas orientales). La fuente principal en la que nos hemos apoyado ha sido el análisis exhaustivo del Padrón de habitantes de ese mismo año, correspondiente a Güímar, Arafo y Candelaria(2). También se han consultado los padrones de dichas localidades de 1900, 1960, 1970 y 1975.

(1)Rosselló Verger, V. “Dinámica de la población de las Canarias Orientales”. Aportación española al XXI Congreso Geográfico Internacional. Madrid 1968.  pp.185-218.

 
1.La emigración de Lanzarote y Fuerteventura: esbozo histórico.

a)Siglos XVI, XVII y XVIII.

             Las crisis de subsistencia fueron uno de los males más frecuentes en las islas durante varios siglos. Lanzarote y Fuerteventura, que constituían los graneros de las restantes, deficitarias y con un mayor poblamiento, soportaron periódicamente y  con virulencia los efectos de las mismas. Así, George Glas, en la segunda mitad del siglo XVIII señala: “En Lanzarote y Fuerteventura se producen  varias clases de cereales, es decir, trigo, maíz, cebada, en tal abundancia que no sólo abastece a los habitantes, sino a los de Tenerife y La Palma, las cuales dependen muchísimo de aquellas islas para su sustento” (3).

           Lanzarote y Fuerteventura tenían prohibida la exportación de grano al exterior, excepto a las demás; este hecho determinaba en los años de abundancia el bajo precio, apenas compensaba las labores, por lo que a sus habitantes les resultaba indiferente sembrar más de lo necesario. Sin embargo, en los años de escasez, el hambre se cebaba sobre ellos, y por supuesto, sobre las islas deficitarias.

(2)Los municipios de Güímar y Candelaria desbordan el ámbito geográfico del Valle, por lo que sólo se han tenido en cuenta  los fenómenos relativos a éste, excluyéndose la información referente a entidades que  formando parte de ambos municipios no se encuentran en el Valle.

(3)Glas, G.

Descripción de las Islas Canarias, 1764. Instituto de Estudios canarios. La Laguna. 1976, pág. 37.

           Roldán Verdejo (4) ha estudiado el fenómeno de las crisis de subsistencia en Fuerteventura, que pueden hacerse extensivas a Lanzarote, con las consiguientes reservas; pueden apreciarse claramente los efectos catastróficos de las sequías a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, no sólo en estas islas, sino también en Tenerife y Gran Canaria. A lo largo de este amplio periodo se alternan años de buenas cosechas -1672, 1677- con años de sequía, y por tanto sin grano -1674, 1675, 1676, 1683, 1685, 1693, 1703, 1721, 1769, 1770 y 1771. Lo corriente son un par de años buenos en cada decenio, dos o tres estériles y el resto mediano (5).

          Lo más frecuente es que ante estas condiciones gran parte de la población tuviese que trasladarse a las islas de Tenerife y Gran Canaria, por hallarse en mejores condiciones económicas. En 1685, se dice que de 800 vecinos que tenía la isla de Fuerteventura, sólo quedaban 200. En Gran Canaria viven los emigrantes de las limosnas, llegando a morir 500 personas. La situación se agrava en Gran Canaria y las autoridades se ven obligadas a reembarcar a muchos majoreros (6).

(4)Roldán, R.

El hambre en Fuerteventura (1600-1800).

Aula de Cultura de Tenerife. 1968.

(5)Roldán, R. Op.cit.

(6)Roldán, R. Op.cit.

          Al volver el hambre en 1721 las islas orientales se quedan casi vacías (…). Unos tres mil refugiados llegan a Tenerife, y el sólo pueblo de El Sauzal  se vio obligado a dar cobijo y alimento a 600 de ellos. En Fuerteventura apenas quedaban 4.200 personas de las que sólo 250 podían mantenerse por sus propios medios (7).

         El año de 1771 fue otra fecha infausta, volvió a faltar la cosecha en Lanzarote y Fuerteventura y gran parte de sus habitantes se trasladaron a Tenerife, por las mismas razones de siempre, por ser la isla más rica y mejor provista en pan (8).

        Según el censo de Aranda, 1769 (9), en el capítulo referido a Fuerteventura y en su división por pueblos, en Betancuria (4.114 habitantes), se lee: “194 ausentes que se han ido a las islas de Canaria y Tenerife por la gran necesidad que se padece en ésta”. Al mismo tiempo, al referirse a Pájara (2.575 habitantes) se señala: “550 ausentes en las islas de Canaria y Tenerife, huyendo de la necesidad que se padece en ésta de Fuerteventura”.

(7)Cioranescu, A.

Historia de Santa Cruz de Tenerife.

1977. Tomo II. pp.225.

(8)Cioranescu, A. Op. cit. pp. 225-226.

(9)Jiménez de Gregorio, F.

La población de las Islas Canarias en la segunda mitad del siglo XVIII.

A.E.A. 1968, nº 14,  pp. 127-301.

 
         Es indudable que en estos traslados masivos de población, producidos por la escasez de alimentos, no eran duraderos; efectivamente, conforme mejoraban las condiciones climáticas, gran parte de ellos regresaban a sus lugares de  origen, y los que permanecían se veían obligados a retornar ante las diversas presiones; como señala Cioranescu: “A petición de los vecinos, el Personero pidió que se estudiasen las medidas más eficaces para despedir a estos huéspedes incómodos que siempre que nos han

hecho semejantes visitas nos han traído igual regalo: siempre nos han causado epidemias” (10).

       Puede afirmarse, por tanto, que la expulsión periódica de pobladores en Fuerteventura y Lanzarote, que se dirige  a aquellas de mayores recursos, sólo es asimilada de modo temporal, ya que amenazaba con romper el frágil equilibrio población/subsistencias, si su presencia se alargaba; de ahí que estas inmigraciones temporales se vieran irremediablemente obligadas a retornar a sus islas de procedencia. De lo anteriormente expuesto, podemos concluir que tales desplazamientos podrían calificarse más que de inmigración propiamente dicha, de movimientos cíclicos, en consonancia con las crisis carenciales.

b)El siglo XIX.

       A lo largo del siglo XIX y sobre todo a partir de 1857, con la aparición del primer censo oficial de población, pueden estudiarse de una manera más rigurosa estos movimientos de población interinsulares, explotando la información ofrecida por los padrones municipales y por el propio censo. Si observamos los censos de población de este periodo, se comprueba que a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX persiste en las dos islas orientales el fenómeno migratorio, mucho más acentuado en Fuerteventura. Mientras las restantes islas del Archipiélago –aunque con diferencias entre ellas- aumentan sus efectivos poblacionales notablemente, las dos orientales no siguen esta tendencia; al mismo tiempo, excepto Lanzarote y Fuerteventura, -con una evolución muy irregular, con periodos intercensales donde la crisis es evidente- , el crecimiento del resto del Archipiélago es rápido unas veces y otras lento, pero siempre continuo, y casi sin altibajos.

       A lo largo de este periodo, el auge de la cochinilla impulsó una corriente migratoria desde las islas de Lanzarote y Fuerteventura hacia Gran Canaria. La economía de estas islas fue durante este periodo, prácticamente de subsistencia. Lanzarote se vio menos afectada por este proceso migratorio, pero Fuerteventura apenas varía sus efectivos de población y este estancamiento es el rasgo que mejor define su evolución demográfica (en 1789 su población era de 10.614 habitantes; en 1857, 14.412 y en 1900, 11.699.
(10) Cioranescu, A. Op. cit. pp. 225-226.

        Los motivos que explicarían este fenómeno en la segunda mitad del siglo XIX serían muy variados: repercusiones de la caída de la cochinilla,  aridez permanente, y por lo tanto, dificultad para reestructurar los cultivos, etc. Como señala J. Hernández: “Si Canarias se vio afectada por la sequía en estos años, Lanzarote y Fuerteventura –a tenor de la documentación- los efectos fueron particularmente devastadores. Con frecuencia  “conejeros” y “majoreros” cuando no llegaban las lluvias, veíanse  obligados  a huir a las islas “mayores” (Tenerife y Gran Canaria), o hacia América directamente. Fueron particularmente duros para estas islas orientales los inicios de los años 60 y 80, en este último periodo, “el pueblo de Tiscamanita en Fuerteventura, pasó, como consecuencia de la sequía, de 1.000 habitantes a 100, pues casi todos sus moradores habían emigrado” (11).

        Al ser una emigración fundamentalmente de familias enteras, el retorno se hacía más difícil, a diferencia de las islas occidentales, ya que al emigrar en grupo, el arraigo en el lugar de llegada era mucho mayor.    

 c)El primer tercio del siglo XX (1900-1930).

        En líneas generales, el Archipiélago experimenta un notable crecimiento de población en el primer tercio del siglo actual  (cuadro nº 1). Se aprecia una etapa ascendente en la primera década del siglo que coincide con el desarrollo de la agricultura comercial de regadío y el auge del tráfico marítimo, al que contribuye también el retorno de emigrantes desde América.

(11)Hernández García, J.

“La emigración  canaria contemporánea. (1853-1898).

Historia General de las Islas Canarias. T. 5, pág. 103.

 

Nº1 Evolución de la población de las islas Canarias (1900-1930).

Isla
Pob. 1900
Pob. 1910
Pob. 1920
Pob.1930
Tenerife
138.008
180.302
176.998
218.887
Gran Canaria
127.471
162.601
173.552
216.851
La Palma
  41.994
45.752
46.482
  51.784
La Gomera
  15.358
18.420
20.485
  25.405
Hierro
    6.505
6.822
7.225
    8.071
Lanzarote
  17.556
19.436
21.516
  22.430
Fuerteventura
  11.690
10.615
11.305
  11.708

Fuente. Censos oficiales.

       El segundo decenio del periodo en estudio se caracteriza por un marcado estancamiento poblacional, como consecuencia de la crisis en la exportación, y por lo tanto en los puertos, tras el estallido de la Primera Guerra Mundial. Por último, la década de

los veinte fue una etapa de fuerte crecimiento, al reanudarse las actividades agrícola y exportadora tras la normalización de las relaciones comerciales con Europa, y con el regreso de gran número de emigrantes que habían abandonado las islas en la época precedente.

        Esta es la tendencia general en el Archipiélago, sin embargo existen notables diferencias entre las islas: elevado crecimiento en aquellas donde el regadío tiene importancia, Gran Canaria, Tenerife –y en menor medida La Palma-, además de La Gomera; crecimiento mucho menor en las islas en las que predomina el secano: Hierro, Lanzarote y Fuerteventura, en esta última, más que de crecimiento habría que hablar de estancamiento: en 1857 contaba con 11.412 habitantes y en 1930 sólo 11.708.

 2.Emigrantes lanzaroteños y majoreros en el Valle de Güímar.

       Como hemos visto anteriormente, queda patente la importancia del fenómeno emigratorio en la dinámica demográfica de Fuerteventura –y a menor escala en Lanzarote- hasta el punto  que entre 1901 y 1930 la primera presenta un saldo migratorio negativo que supone casi el 50% de la población censada en 1900 (12). Ahora bien, si cuantitativamente podemos comprobar la importancia de este fenómeno, resulta mucho más difícil determinar los lugares de destino, y sobre todo, el tipo de emigración.

       Por lo que respecta a los lugares de destino, habrá que citar en primer lugar la isla de Gran canaria, y su capital. “Gran Canaria en general, y Las Palmas en particular, se convierten en foco y polo de atracción de la población de Lanzarote y Fuerteventura, generalizándose desde la segunda mitad del siglo XIX una corriente migratoria desde esas islas hacia Gran Canaria”(13).

       La isla de Tenerife, no obstante, también atrajo la emigración de estas islas (no hay que olvidar que hasta 1927 Santa Cruz de Tenerife fue la capital única de Canarias). Así, en 1930, en 7,39% de los inmigrantes de origen canario en La Laguna procedían de Lanzarote y Fuerteventura (14). 

 (12)García Barbancho, A.

Las emigraciones interiores españolas.

(13)Noreña Salto, M.T.

Canarias: política y sociedad durante la Restauración.Las Palmas. 1977. Tomo I, p. 31.

(14)Quirós Linares, F.

La población de La Laguna (1837-1960) La Laguna. 1975. Pág. 43.

               El análisis de los Padrones municipales de 1930 correspondientes a los municipios de Güímar. Arafo y Candelaria nos muestran a la comarca como un foco muy atractivo para los habitantes de las dos islas orientales en la década de los años veinte.

         En 1900, según el Padrón municipal, residían en el Valle de Güímar  7 majoreros y 3 lanzaroteños: en 1930, su número ascendía a 615, correspondiendo 308 a Lanzarote y 305 a Fuerteventura, concentrados fundamentalmente el Güímar (81,78%). En Arafo residía el 11,86% del total y en Candelaria poco más del 6%.

       Si observamos el tiempo que llevaban residiendo en la zona (cuadro nº2), podemos apreciar que solamente el 2,6% del total llegó con anterioridad a 1920, mientras que el 77,89% lo hizo entre 1925 y 1930. La llegada de estos inmigrantes coincide con una etapa de gran actividad roturadora y puesta en cultivo de los sectores del valle por debajo de los 300 m. de altitud, y el cultivo a gran escala del plátano y el tomate.

Nº2 Año de llegada de la inmigración procedente de Lanzarote y Fuerteventura al Valle de Güímar.

Año
Total
%
Año
Total
%
1930
127
20,65
1923
31
5,04
1929
75
11,86
1922
21
3,40
1928
124
20,16
1921
10
1,62
1927
53
8,61
1920
18
2,92
1926
48
7,81
1910-1919
11
1,78
1925
53
8,61
1900-1910
4
0,65
1924
41
6,66
Antes de 1900
1
0,16

Fuente. Padrones municipales de habitantes. Elaboración propia

        Estas cifras de inmigrantes adquieren valor si las comparamos con la población total de Valle, que en 1930 era de 10.842 habitantes, constituyendo por lo tanto, el 5,7% del total; sin embargo, a nivel municipal los porcentajes varían ostensiblemente: Candelaria 1,58%, Arafo 2,7%, mientras que en Güímar ascendía al 9,28% de la población, y nada menos que al 29% del total de los nacidos fuera del municipio.

     Las cifras totales de inmigrantes, por sí mismas, nos pueden inducir a pensar que se trataba de una inmigración temporal de varones fundamentalmente, para la realización de determinadas labores; sin embargo, el análisis de la estructura por edad y sexo de este grupo, revela la existencia de un equilibrio –en cuanto a la relación entre sexos y edades-; en efecto, la pirámide de edades (fig. nº 1) es la normal en cualquier población de esta época, correspondiente a un régimen demográfico antiguo: amplia base (15) y estrechamiento progresivo hacia el vértice, que denota una alta natalidad y una no menos alta mortalidad. Sin embargo, la característica fundamental que podríamos destacar, es la escasa diferencia entre los dos sexos, pues la “sex-ratio” entre los inmigrantes era del 95,2.

(15)La muesca que aparece en los grupos de edad de 0-4 y de 5-9 años, para los dos sexos, se debe a que no hemos contabilizado gran número de niños, hijos de estas familias de inmigrantes, pero nacidos ya en la zona de estudio.


        Del análisis de las cifras obtenidas (cuadro nº 3) se desprende el rasgo más llamativo del nivel de instrucción de los inmigrantes, y es precisamente la gran proporción de analfabetos, que era la tónica general en el Archipiélago   para aquellos años, si bien aquí aparezca más acentuado debido al origen predominantemente rural de la población inmigrada. Una peculiaridad a destacar es que el analfabetismo era ligeramente superior en los varones que en las mujeres, fenómeno poco usual. No obstante, estas cifras son bastante discutibles puesto que el encabezamiento “sabe leer y/o escribir” que figura en los padrones es muy ambiguo, y en éste cabría desde un nivel universitario hasta el saber firmar simplemente (fig. nº 2).

 

Nº3 Tasa de analfabetismo por sexos (inmigrantes 1930).

Municipio
Varones
Mujeres
Total
Güímar
79,82
74,90
77,40
Arafo
71,90
56,00
65,00
Candelaria
46,70
35,30
40,70
Valle
77,00
70.50
74,00

Fuente. Padrones municipales de habitantes. Elaboración propia.

 

  La actividad económica de dicha población era casi exclusivamente la agricultura (cuadro nº 4), siendo la proporción de jornaleros superior al 92% del total de la población activa. Aparecía un número reducido de labradores (precisamente los que llevaban más tiempo residiendo en la comarca) y de “camelleros”, actividad que nos remite directamente el lugar de origen de esos activos.  Los sectores secundario y terciario revisten escasa importancia (sastre, panadero, cartero, maestra, chófer, guardia municipal, etc.). El predominio evidente de las actividades agrícolas no es de extrañar, si tenemos en cuenta que en esos años se desarrolló en la comarca una potente actividad roturadora y de puesta en cultivo de los sectores costeros que requerían abundante mano de obra asalariada.

 

Nº4  Sectores de actividad para los inmigrantes (1930).

Sectores
Total
%
Primario
360
95,5
Secundario
12
3,2
Terciario
5
1,3

Fuente. Padrones municipales de habitantes. Elaboración propia.

        Lo anteriormente expuesto explica la existencia de una tasa de actividad muy elevada (ver cuadro nº 5), pues más del 70% de la población mayor de 10 años realiza alguna actividad, lo que indica que la escolarización era insignificante, de manera que desde los 10 ó 12 años, se comenzaba a trabajar.  A partir de los 15 años se daba casi el pleno empleo a todas las edades, sobre todo en los varones, incluso por encima de los 69 años (fig. 3).

    Nº5  Tasas de actividad por sexos para los inmigrantes (1930).

Municipio
Varones %
Mujeres %
Total %
Güímar
92,00
64,18
78,00
Arafo
90,60
-
50,90
Candelaria
86,60
5,90
37,80
Valle
91,50
54,00
72,90

Fuente. Padrones municipales de habitantes. Elaboración propia.

           La proporción de inmigrantes correspondiente a cada una de las islas es semejante: Lanzarote, 50,08% y Fuerteventura 49,92%, sin embargo, la distribución por municipios presenta notables contrastes (fig. 4). En Lanzarote, destacan los municipios del SE, además de Teguise (Yaiza, Teguise y Tinajo aportan el 40,26% del total de llegadas, mientras que el resto de la isla solo lo hace con un escaso 9%). Algo parecido sucede con Fuerteventura, donde los inmigrantes proceden fundamentalmente del centro y norte de la isla (Antigua, Betancuria, La Oliva y Casillas del Ángel proporcionan el 43,40 del total, y el resto de la isla sólo un 6%.

         A partir de los años treinta la inmigración procedente de las islas de Lanzarote y Fuerteventura no alcanzará las proporciones de la década anterior; no significa que se frene completamente, pero su volumen no es suficiente para compensar las pérdidas producidas por la mortalidad o incluso cierto número de salidas de la comarca. Según el análisis de los padrones de 1960 y 1970 las cifras se han reducido sensiblemente en relación a 1930, no obstante, el municipio de Güímar continua siendo tras los de Santa Cruz y La Laguna el principal foco de asentamiento de los canarios orientales en el conjunto de la provincia (16).

       No queremos finalizar sin hacer mención a la inmigración grancanaria en la comarca, que si bien nunca alcanzó el volumen de la procedente de Lanzarote y Fuerteventura, su participación nunca ha dejado de aumentar desde principios de siglo; así, en 1930 los nacidos en Gran Canaria solo suponían el 10% de los inmigrantes procedentes de la provincia de las Plmas, en 1960 eran ya un 25% y en 1970 el 30%.
(16)Padrón de Habitantes de 1975. Provincia de santa Cruz de Tenerife.      

Conclusiones.

        1.El fenómeno de la emigración constituye quizás la característica fundamental en la dinámica demográfica de las islas de Lanzarote y Fuerteventura, a lo largo de toda su historia.

       2.El destino tradicional de esta emigración, dentro del Archipiélago, ha sido las islas de Gran Canaria y Tenerife, particularmente sus capitales.
 

       3.A partir de 1920 se observa una corriente migratoria, con un volumen nada desdeñable, que procedente de estas islas se asienta en el valle de Güímar. Se trata, en su inmensa mayoría, de mano de obra asalariada que jugará un papel destacado en el proceso de puesta en cultivo de los sectores de la comarca próximos a la costa, con la particularidad de que se trata fundamentalmente de familias completas.

       4.Esta corriente migratoria hacia la zona persiste, con menos fuerza, hasta los años setenta. En 1975, el municipio de Güímar ocupa el tercer lugar de la provincia, tras los de santa Cruz y La Laguna, por el número de canarios orientales residentes en el mismo. 
 
 



 
© José Solórzano Sánchez

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