miércoles, 4 de junio de 2025

EL IGNORANTE AFIRMA. EL SABIO DUDA Y REFLEXIONA.

 

    



    Hace un par de semanas encontré por casualidad un breve artículo periodístico mientras navegaba por la red. Tenía por título ”El segundo aeropuerto de Gran Canaria: El Aeródromo de Maspalomas entra en las plataformas de seguimientos de vuelos” y aparecía en un periódico digital del sur de Gran Canaria, MASPALOMAS 24h.


     Ojeé con interés la noticia, curiosamente sin firmar, porque era un tema que desconocía totalmente y confieso que nada más empezar a leer temí sufrir una apoplejía y un sangrado de ojos …


     Es un dicho conocido que el “papel lo aguanta todo”, en este caso sería en su versión digital, pero sinceramente en pocas ocasiones he podido encontrarme con estupideces de tal calibre en tan pocos centímetros cuadrados.


El argumento que se trataba, podría resultar más o menos interesante a según y quien lo leyese y considerando que cualquiera puede expresar sus sueños y fantasías por muy disparatados que sean (abordaré más adelante  este asunto) puede no ser de gran importancia. Pero lo que realmente provocó mi estupor fueron un par de frases, lanzadas alegremente por el autor/autores del artículo, que me parecieron (perdonen la metáfora) dos escupitajos dirigidos directamente hacia el sentido común, la inteligencia y la razón de cualquiera con un mínimo de información sobre el tema.


Sinceramente, estoy harto de ciertos bulos que continuamente se lanzan y que a base de oírlos pasan a ser verdades incontestables en el imaginario de los que vivimos en estas islas. Falsas verdades que nadie osa discutir y que son fácilmente desmontables con datos objetivos.


El artículo en cuestión comienza con la siguiente afirmación:


“El día que la capital económica de Canarias quiera desconectarse de Las Palmas…”


Porque señores, para quien no lo sepa, la “capital económica” no sólo de Gran Canaria, sino del Archipiélago en su conjunto es Maspalomas, queda dicho y reflejado sin ningún tipo de pudor… ¡No hay más que hablar y nada que objetar!


Ya en otra aportación o reflexión anterior apunté que en un espacio tan reducido como las Islas y con las secuelas del conocido “Pleito Insular”, una rémora que hemos soportado durante siglos, afortunadamente en fase de liquidación, aún perdura en ciertos ámbitos  un afán desmedido por señalar quién o qué es el más o  la más de todos estos peñascos atlánticos.


No es de extrañar que de vez en cuando nos encontremos con afirmaciones de este tipo que algunos crédulos consideran ciertas por el simple hecho de que aparecen en la prensa. Es indudable que en las últimas décadas el sur de Gran Canaria y Tenerife se han convertido en “el motor económico” de esas islas, dada la importancia que la actividad turística representa en las mismas, pero de ahí a suplantar el papel económico de las respectivas áreas metropolitanas, que concentran casi la mitad de la población insular, creo que es propio de alguien que está fuera de la realidad o lo que es más grave, lanza falacias sin fundamento a sabiendas o no de su inexactitud.


Para desmontar tales patrañas bastaría  disponer de las referencias económicas correspondientes a tales áreas, pero de momento sólo contamos con información correspondiente a una escala mayor.


Sin embargo, fue la lectura de otra frase en el texto, estrechamente ligada a la anterior, la que casi me provoca una parada cardiaca y una insuficiencia respiratoria, pero, tranquilidad, me repuse al momento simplemente considerando lo fácil que resultaría desmontar tal afirmación.


“Esto es importante para la gente del sur de la isla a efectos de recordar dónde se cocina la economía de Canarias: 7 de cada 10 euros de Canarias se mueven en el sur de Gran Canaria”


Sí, señores y señoras, no miento, no he bebido ni consumido sustancia estupefaciente alguna; me he limitado a reproducir el comentario tal como aparece en el artículo en cuestión. Por si no lo sabíamos todos los que habitamos por estos lares o fuera de aquí, excepto al autor de tales palabras, para las que no encuentro calificativo sin caer en la chabacanería, el 70% de la economía canaria se genera (y /o se mueve) en el Sur de Gran Canaria. ¡ queda dicho para la posteridad !


No soy especialista en economía, pero tampoco soy un ignorante y siempre he procurado estar al día en cualquier tema que se refiera a las Islas, interés, dicho sea de paso, que en bastantes ocasiones me ha permitido cerrar la boca a algunos impresentables (e impresentablas, permítanme la licencia) que se inflan repitiendo “mantras” inexactos pero que la mayoría de sus interlocutores comparten (por desconocimiento) y aceptan sin más. Por supuesto, como “mantras”, son dogmas de fe y para los que los utilizan no es necesario sustentarlos en datos objetivos… ¡punto y final!


Como señalé anteriormente, no soy un especialista en economía, pero algunos conceptos si manejo y por tanto, deduzco que para rebatir o corroborar tal afirmación bastaría con disponer de los datos del PIB correspondientes al municipio de San Bartolomé de Tirajana, donde se encuentra la “CAPITAL ECONÓMICA DEL ARCHIPIÉLAGO”, Maspalomas, para más señas.


El producto interior bruto (PIB) “es un indicador económico que refleja el valor monetario de todos los bienes y servicios finales producidos por un territorio en un determinado periodo de tiempo”.


Pues bien, según esta definición, si el PIB de las Islas fue en 2022 (últimos datos que proporciona el ISTAC) de 48.600 millones de euros, y dado que Maspalomas genera el 70% de total, resultaría que su PIB ascendería a 34.000 millones de euros, producidos por poco más de 50.000 habitantes, mientras que el resto de los que residimos en las Islas, más de 2 millones de personas, pobres de nosotros, apenas aportaríamos 14.600 millones.


Conociendo la distribución municipal de este PIB, como hemos señalado,  resolveríamos en un instante la cuestión, pero  desafortunadamente esta información sólo se aporta a nivel insular; con todo, y repito, aunque no soy especialista en economía, basta un poco de sentido común y manejar ciertos datos oficiales para desmontar tranquilamente tal despropósito.


Según el ISTAC, Instituto Canario de Estadística, para 2022, último año del que se disponen datos, el PIB de Gran Canaria apenas representaba el 38,7% del Archipiélago, es decir, algo más de la tercera parte y por supuesto, por debajo de Tenerife que a la que corresponde el 43%. Simplemente con estos porcentajes se desmontan claramente las afirmaciones que han originado estas líneas, pero ya que estamos, vamos a por todas.


Sin minusvalorar el papel económico del municipio de San Bartolomé de Tirajana (al que podemos añadir Mogán, para ser generosos), obviar la importancia del área metropolitana de Las Palmas de Gran Canaria sería una auténtica torpeza ya que reúne casi el 60% de la población insular y por tanto difícilmente aportaría menos de la mitad del PIB grancanario. Dicho esto, y deduciendo un pequeño porcentaje que correspondería al resto de la isla, San Bartolomé y Mogán, aportarían no más del 40 o 45% del PIB de Gran Canaria, es decir algo más de 8 mil millones de euros, el 17% del total regional y no el 70% como se pretende hacer creer.


Ahora procedería escribir la onomatopeya de la carcajada en varias líneas, pero intentaremos mantener el tono más o menos serio (también irónico) de esta reflexión, aunque ganas no faltan de hacerlo.


Pero podemos también utilizar otros indicadores para reforzar, si cabe, nuestra opinión.


Si partimos de la base de que es el turismo, o mejor dicho, la afluencia de turistas, quien genera la riqueza y “esplendor” de la recién descubierta “capital económica del Archipiélago”, Maspalomas por más señas, y considerando que los municipios de San Bartolomé y Mogán reciben la mayor parte de quienes visitan la isla, sin obviar la relativa importancia de la capital, lo lógico es que recibiesen un porcentaje muy elevado del turismo que acude al Archipiélago. Tal vez el 50%, el 60% o el 70%...pero no ocurre así, resulta que el conjunto de la isla acogió en 2024 algo más de cuatro millones de turistas, es decir el 25% del total de los que visitaron el Archipiélago; baste decir que Lanzarote y Fuerteventura, entre ambas,  recibieron casi el 35% y Tenerife, con más de seis millones y medio, el 40%.


Toda la información aportada corresponde al ISTAC y no se trata de opiniones subjetivas como las del artículo en cuestión. También podemos concluir, en función de la información  que hemos ido proporcionando, y ya entrando en el juego, que el motor económico de las Islas en estos momentos sería Tenerife, tanto por PIB como por turistas recibidos y que en cualquier caso, el Sur de Tenerife, mucho más que el de Gran Canaria, reúne  méritos para ser considerado la principal área turística del Archipiélago, con diferencia.


Para concluir, retomar brevemente el argumento del artículo que estamos comentando e incidir en lo fácil que resulta fantasear sin límite alguno. La intención de poner en conocimiento del público en general, entre quienes me incluyo, la existencia de este aeródromo (que no aeropuerto) me parece no sólo aceptable, sino recomendable. Sin embargo la idea que en mi opinión subyace de principio a fin me parece, cuando menos, ilusoria.


Volvemos a las secuelas del Pleito Insular; no basta con que Gran Canaria posea un gran aeropuerto, históricamente el de mayor tráfico de pasajeros del Archipiélago, de momento, aunque ya no el de mayor tráfico turístico, posición que perdió hace ya algunas décadas en beneficio de Tenerife Sur; si Tenerife tiene dos, aquí también los tenemos, aunque en realidad se trate de un simple aeródromo para labores auxiliares como queda claro en el artículo.


Este aldeanismo “patológico” es evidente en las primeras líneas del mismo:


“El día que la capital económica de Canarias quiera desconectarse de Las Palmas solamente tiene que asfaltar un par de 1.000 metros más de pista y añadir una serie de módulos prefabricados a modo de terminal para servicios chárter”.


Según se desprende de estas consideraciones, Las Palmas viene a ser como una potencia colonizadora que tiene sometida a “la capital económica del Archipiélago”… idea absurda porque se pierde el concepto de isla en lo que aeropuertos se refiere; las instalaciones de Gando ni siquiera se encuentran en el municipio de Las Palmas, sino entre Telde e Ingenio y su denominación oficial es Aeropuerto de Gran Canaria.


Pero más absurdo aún es considerar que con el asfaltado de un par de kilómetros de pista y la instalación de varios contendores como “terminal” ya tenemos un aeropuerto capaz de absorber el tráfico de Gando que se dirige a las urbanizaciones turísticas del Sur. Sobre todo cuando la distancia entre ambos imposibilita la existencia de dos aeropuertos, apenas 20 km en línea recta.


En fin, lo dicho al comienzo de mi reflexión, “el papel lo aguanta todo”. Después de tantas barbaridades en tan poco texto estoy por pensar que la ausencia de firma se debe a que éste ha sido elaborado por la IA, a la que previamente se le ha “inoculado” una suerte de virus de la estupidez.



José Solórzano Sánchez ©

 

 


miércoles, 29 de enero de 2025

CUANDO UN BARRIO ERA LA SEGUNDA LOCALIDAD MÁS POBLADA DE LA PROVINCIA.

 



    El cuadro precedente muestra una relación de las 12 localidades o entidades de población con mayor número de habitantes de la provincia para el año 1970.


     Puede resultar extraño que no figure el nombre de la segunda y la séptima, pero es precisamente el motivo  de estos breves apuntes.


     Antes de nada, conviene aclarar que el nomenclátor de población es un documento de tipo oficial que viene publicándose en España, periódicamente, desde la segunda mitad del siglo XIX. En general, y hasta fechas recientes, tenía una periodicidad de diez años, ya que coincidían con aquellos en los que se confeccionaba el censo de población, es decir, los acabados en “0”.


     Los censos, por lo general, aportan información relativa a municipios y provincias, y desde hace algunas décadas, a comunidades autónomas. El nomenclátor, además,  refleja las distintas subdivisiones  que integran el municipio, es decir, las diferentes entidades de población.


     Así, en la mayor parte de ellos, sobre todo los del siglo XX, las entidades aparecen clasificadas en distintas categorías: ciudad, villa, lugar, caserío, barrio, aldea, etc. En los del siglo XIX figuraban otras que poco a poco fueron desapareciendo como: casas de labranza, casas de pastores, arrabal, casas de pescadores, balneario, etc. Por el contrario, ya a finales del siglo pasado surgen otras  acordes con el nuevo tipo de asentamientos, como por ejemplo,  urbanización turística.


     Otra consideración que tiene que ver con el tema de este breve estudio es la especial configuración que presentan la mayoría de los municipios canarios, o mejor dicho, como se distribuye la población de los mismos. En ese sentido, las Islas se comportan casi como las provincias de la cornisa Cantábrica o Galicia, es decir, la población del término se reparte en numerosas entidades y no se concentra mayoritariamente en la cabecera municipal, tal  como ocurre en otras regiones.


 En los últimos años, el crecimiento acelerado de la población y las elevadas densidades han hecho que poco a poco se haya ido produciendo una concentración de entidades, con lo que su número se ha ido reduciendo sensiblemente. Así, el término municipal de  La Laguna constaba de 63 entidades en 1900, además de un  elevado porcentaje en diseminado, cuando su población apenas alcanzaba los 13.000 habitantes. Actualmente, para un total de 160.000, las entidades  son apenas 24.


    Si atendemos al cuadro precedente, se puede observar que las localidades más pobladas de la provincia eran cabeceras municipales de aquellos más importantes, por lo general, además de tres barrios y un caserío. Desvelando el “misterio” resulta que la segunda localidad provincial por su volumen demográfico era un barrio de la capital, La Salud, y la séptima también otro aunque más alejado del centro urbano: el de García Escámez-Somosierra.


     Este hecho, aunque curioso, no resulta demasiado extraño en el caso de Santa Cruz de Tenerife (y en otros muchos municipios de la isla). En general, a lo largo del  siglo XX, la cabecera municipal, lo que podríamos denominar “Santa Cruz”, no hizo sino disminuir su importancia en el conjunto de la población del término: 78,9% en 1900, 76,8% en 1930, 72,9% en 1950, 62% en 1960 y 49,5% en 1970.


     Los caseríos de Anaga nunca han representado un volumen significativo de la población total, por lo que la mayor parte del crecimiento se produjo en los sectores más próximos al centro, en los numerosos barrios que poco a poco fueron  naciendo y consolidándose hasta constituir un espacio urbano continuo.


    Algunos fueron inicialmente pequeños caseríos agrícolas que con el tiempo perdieron este carácter; otros, los más recientes, surgieron directamente como barrios propiamente urbanos, en antiguas áreas agrícolas o bien ocupando laderas y colinas improductivas, producto de parcelaciones y urbanizaciones ilegales.


     La mayoría de estos, relativamente próximos al centro, mantuvieron durante décadas características propias, marcando sus diferencias con la ciudad propiamente dicha,  lo que explicaría una expresión bastante común en personas de cierta edad, concretamente: “ir/bajar a Santa Cruz”, cuando su domicilio posiblemente distaba apenas un kilómetro de la Rambla, por poner un ejemplo.


     Hasta el nomenclátor de 1970, la mayor parte de estos barrios aparecían clasificados oficialmente como entidades singulares de población: Buenos Aires, La Alegría, Salud, Las Delicias, Taco, Tío Pino, Vuelta de los Pájaros, etc. hasta un total de veintidós. Por tanto, no es de extrañar que la cabecera municipal, la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, ese año apenas concentraba la mitad de la población del término.


     No obstante, pasada una década, ya en el nomenclátor de 1981, todos ellos  desaparecen como entidades singulares y figuran integrados en la ciudad, que por primera vez en la centuria reúne casi el 90% de la población del término.


Hay que aclarar, no obstante, que este porcentaje hubiera sido mucho más elevado de no haberse producido años antes la anexión de una parte del término de El Rosario, actualmente distrito Suroeste. Aquí se situaban una serie de barrios y caseríos  (Barranco Grande, El Tablero, El Sobradillo, Santa María del Mar, etc.) que representaban casi el 8% de la población municipal.


Convendría ahora presentar algunas pinceladas de aquel barrio chicharrero que en 1970 llegó a ser, por el número de habitantes,  la segunda entidad de la provincia.


La Salud posee una serie de características muy peculiares en el conjunto de la ciudad. En primer lugar, posiblemente sea, de todos los barrios propiamente urbanos, el que presenta sus límites más definidos desde el punto de vista geográfico. (1)


 Tiene, curiosamente, grandes similitudes con las ciudades de Nueva York o Huelva, ya que se ubica en la confluencia de dos cauces “fluviales” como aquellas, aunque con tres diferencias fundamentales: estos “cauces” no son de ríos sino de barrancos (Santos y San Joaquín, este último actualmente cubierto en el tramo que confina con el barrio); se encuentra a cierta distancia de la costa y sobre todo, su altitud media es más elevada y la pendiente del terreno mucho más acentuada.


La pendiente es uno de los elementos que individualizan los dos sectores que conforman el barrio: Salud Bajo y Salud Alto, separados por la calle Guía de Isora. En el primero, aquella parece ser más pronunciada, como lo evidencian algunas calles, particularmente las que siguen una dirección E-O: Hero, Benahoare y la misma Avenida de Venezuela. En cambio, en Salud Alto, de urbanización más reciente, aparentemente mejor planificado, el viario se adapta a las curvas de nivel, con lo que la sensación de pendiente, aunque existe, es mucho menor.(2)

 


La segunda peculiaridad, además de su configuración geográfica es la relativa proximidad al centro, a diferencia de otros barrios de cierta entidad (Somosierra, García Escámez o la propia Ofra). En efecto, tras la construcción del puente Javier de Loño, la distancia en línea recta con el barrio de Salamanca es de apenas 200 m. o con la plaza de Paz, 800 m.  y por el oeste, con la Avenida de las Islas Canarias, solamente 300 m.


El origen del barrio, como  el de otros muchos, se vincula a la parcelación ilegal de antiguas fincas agrícolas y a las viviendas de autoconstrucción. Suele situarse en la década de los años cuarenta del pasado siglo, cuando Santa Cruz experimentó el mayor crecimiento de su historia moderna; en efecto,  la población aumentó casi un 50% en apenas una década ante la llegada masiva de inmigrantes procedentes tanto de las islas menores como del resto de los municipios de Tenerife. En las décadas siguientes las viviendas fueron ocupando lo que hoy conocemos como Salud Bajo, el sector más oriental del barrio y el más próximo al centro. En los confines de este espacio ya urbanizado,  hacia el oeste, se instalaron los colegios, el estadio y ya en los 70s, la iglesia.


Con posterioridad se fue llevando a cabo la urbanización de Salud Alto, avanzando hacia los límites del término municipal por el oeste. Pero en este caso, la ocupación del terreno fue llevada a cabo por entidades públicas con viviendas de promoción oficial, las conocidas “barriadas” de aquellos años. Hasta el año 1970 se construyeron varias promociones con más de dos mil quinientas viviendas: Mil viviendas (antiguas), Veinticinco de Julio, Mil viviendas (nuevas) y Las 108 viviendas. Allí se instalaron numerosas familias procedentes de antiguas ciudadelas, de otros barrios de la ciudad, especialmente Cabo-Llanos y de otras localidades de la Isla.






No es de extrañar, por tanto, que en unos años en los que la familia promedio se componía de 5 ó 6 miembros, el barrio de La Salud alcanzase los casi 19 mil habitantes en el censo de 1970. Estas cifras la convertían en la segunda entidad con mayor número de habitantes de la provincia, por delante de ciudades (y villas)  como  San Cristóbal de La Laguna, La Orotava,  Puerto de la Cruz o Santa Cruz de la Palma.


Se da la circunstancia, que a diferencia de otros barrios capitalinos, esta será la primera y única vez que el La Salud aparece como entidad singular en un nomenclátor de población.


En el censo y consecuente nomenclátor de 1981, como se ha señalado,  se produce la integración en la cabecera municipal de todos aquellos barrios urbanos que durante décadas venían apareciendo como entidades singulares de población: Salud, Perú, Ofra, Vista Bella, Valle Seco, Ramonal, Cuesta de Piedra, Delicias, Chamberí, Buenos Aires, Somosierra, García Escámez, etc. Únicamente se mantienen los de los distritos de Anaga (incluyendo San Andrés) y Suroeste.


Posiblemente haya sido el año 1970 (durante el cual se ocuparon 1.000 viviendas (última promoción oficial) y los inmediatos, cuando el barrio alcanzó su techo demográfico; a partir de entonces, tal como demuestran los datos, la población se ha ido reduciendo paulatinamente por diferentes motivos.




En primer lugar, con esta última promoción, toda la superficie urbanizable quedó ocupada y los únicos cambios visibles serían la construcción de algunos edificios de varias plantas en solares de antiguas casas terreras. El barrio, no obstante, continuó creciendo hacia el oeste, pero ya en terrenos del término municipal de La Laguna (urbanización El Rocío).


Además, aquel volumen considerable de población joven de décadas pasadas, con el paso del tiempo se ha instalado en otros sectores de la ciudad o de municipios vecinos, fenómeno generalizado en barrios consolidados donde no existe superficie urbanizable. Y por último, la propia dinámica demográfica, con la consecuente reducción de la natalidad y el número de miembros por familia, junto el envejecimiento de la población.


Precisamente, donde se aprecia con más claridad la disminución de ésta en La Salud y la ausencia de niños y jóvenes es en los centros educativos. El barrio contaba hasta comienzos de los años setenta con dos colegios públicos (masculino y femenino) y dos academias privadas, una en Salud Alto y otra en Salud Bajo. En ese momento se inaugura el colegio público Hermanos Estévanez Murphy que llegó a ser, posiblemente  y por algunos años, el de mayor cantidad de alumnado de la isla.


 En la actualidad, aunque ambas academias continúan impartiendo  sus enseñanzas, los centros públicos han perdido casi las tres cuartas partes del alumnado de aquellos años. En el caso de los antiguos masculino y femenino, se han integrado en un centro único.


El descenso en el número de habitantes es patente  en las últimas décadas y posiblemente mucho mayor en la actualidad. Según un estudio del Ayuntamiento, el barrio pasó de 13.874 habitantes en 2006 a 11.749 en 2014, casi la mitad de los que contaba cuarenta y cinco años antes.


(1) (excepto en el sector O-NO, donde aquellos son puramente administrativos, es decir, las viviendas confinan sin solución de continuidad con el vecino término de La Laguna).

(2) Aunque los datos oficiales dan una altitud media de 155 m. para el conjunto del barrio a nadie escapa la enorme diferencia que existe entre la rotonda de la Avenida de Venezuela o el puente Javier de Loño con la iglesia de Santiago Apóstol.

© José Solórzano Sánchez

 


miércoles, 22 de enero de 2025

Un episodio poco conocido de la emigración canaria. Isleños en Argelia.

 

Hace más de cuarenta años, cuando buscaba información para un trabajo que estaba realizando en aquellos momentos en la Biblioteca Municipal de Santa Cruz (por entonces, con sede en la calle José Murphy) llegó a mis manos, casi por casualidad, un opúsculo fechado en 1882.


El título, rimbombante, como buena parte de las letras decimonónicas, parecía bastante sugerente, especialmente para un interesado en aspectos de Geografía Humana referidos a Canarias.


“DICTAMEN

SOBRE LAS

 CAUSAS Y ORIGEN DE LA EMIGRACIÓN

 EN LAS PROVINCIAS

DE BALEARES Y CANARIAS

REDACTADO POR EL

EXCMO. SR. D. NICOLÁS DÍAZ Y PÉREZ

VOCAL DE LA COMISIÓN ESPECIAL PARA PROPONER LOS MEDIOS

DE EVITAR LA EMIGRACIÓN.

 

Tuve ocasión de consultarlo con tranquilidad y en general, tanto por el índice como por lo que pude leer, se trataba del típico informe oficial de la época, explicando, o más bien tratando de explicar, las causas de la intensa emigración que afectaba a estas dos provincias insulares. Se hablaba también de los abusos que se cometían en las repúblicas hispanoamericanas con nuestros compatriotas y se aportaban posibles medidas tanto para frenar en lo posible este flujo de salidas, como para garantizar un proceso migratorio digno, en caso de producirse.


En general, pocas novedades para alguien acostumbrado a las lecturas sobre este tema, tanto por necesidad, como por especialización académica e incluso por placer.


Que la emigración transoceánica había sido un fenómeno secular en la historia de Canarias, casi desde los momentos de la Conquista, no era novedad; se trata de un fenómeno casi estructural durante casi quinientos años, que nunca comprometió el aumento constante de la población por mor de los elevados excedentes demográficos.


 No obstante, en períodos de crisis económica alcanzó cifras enormemente elevadas, tal como ocurría por aquellos años (década de los ochenta del siglo XIX), cuando ante el derrumbe del cultivo de la cochinilla, se desencadenó un tal proceso migratorio, que llegó a alarmar al Gobierno de turno.


Este Dictamen, como se ha comentado, incide exhaustivamente en la citada problemática, y sin embargo, fue precisamente uno de sus capítulos el que llamó mi atención. Era la primera vez que tenía ocasión de leer algo sobre un destino de la emigración canaria nuevo para mí. Después de haber consultado infinidad de obras que abordaban el tema jamás había tenido información sobre la corriente emigratoria de aquellos años a la colonia francesa de Argelia. Resulta interesante, que incluso pasados los años, hasta el día de hoy, no he vuelto a encontrar otra referencia al respecto.


Aquella información tan curiosa, a la vez que inesperada, ha permanecido en mi memoria durante décadas;  en más de una ocasión tuve la intención de volver a la Biblioteca a refrescar aquella lectura, sin embargo por un motivo o por otro nunca llegué a hacerlo.




Hace algún tiempo, consultando los fondos digitalizados de la Universidad de Las Palmas me encontré nuevamente con el citado Dictamen, y ahora sí, me he decidido a divulgar, en la medida de mis posibilidades, aquella curiosidad que tanto llamó mi atención.


En el capítulo en cuestión, relativo a la inmigración española en Argelia, el autor señala que desde el 23 de agosto hasta el 31 de diciembre de 1881, es decir, en apenas cuatro meses habían entrado por el puerto de Orán 5.499 españoles, de los que 1.561 procedían de la provincia de Canarias, es decir, el 28,4%, cuando la población de las Islas apenas representaba el 1,9% del total nacional. De estos, 798 provenían de Tenerife, 469 de Gran Canaria y 294 de La Palma.


En aquellos momentos, esta colonia francesa contaba con 2,9 millones de habitantes, de los que unos dos millones y medio eran nativos. Los europeos, unos 400.000, apenas representaban el 14%.


Curiosa resulta la distribución de la población europea, ya que los franceses, originarios de la potencia colonial, no llegan ni a la mitad de aquella.

 

Nacionalidad

Total

%

Franceses

160.000

40

Españoles

99.700

25

Judíos locales

35.000

9

Otros europeos

105.300

26

 

Sin embargo,  quizá el aspecto más interesante de este capítulo sea la información que aporta el autor del Dictamen sobre la distribución por provincias de los españoles residentes en la colonia. Y esto tiene mucho que ver con la llegada masiva de isleños por estos años, tal como se señaló anteriormente.

 

Provincia

Total

%

Baleares

24.960

25

Canarias

17.680

17,7

Levante(*)

26.330

26,4

Resto de provincias

30.730

30,9

  (*) Almería, Murcia, Alicante, Valencia y Castellón.

 

Si atendemos al gráfico precedente, no es de extrañar que los principales aportes a este contingente inmigratorio procedan de Baleares y las provincias levantinas (alrededor del 50% del total), ya que son las más próximas a las costas argelinas. En cambio, el caso de Canarias es realmente curioso, no sólo por su volumen (casi el 18%), cuando la población de las Islas, como ya se ha indicado, no llegaba ni al 2% del total nacional, sino porque se trata de un destino realmente novedoso.


En efecto, en toda la documentación que he tenido ocasión de consultar relativa a la emigración canaria, a lo largo de más de cuatro décadas, dos hechos son incontestables: su importancia numérica a lo largo de los siglos e Hispanoamérica como su destino casi único. Por ello resulta verdaderamente significativo este nuevo foco de atracción en las últimas décadas del siglo XIX.


No he encontrado referencia alguna a otros destinos que no fuese Hispanoamérica, a excepción de algún caso tan puntual que resulta irrelevante, de ahí el interés que pueda derivarse de este Dictamen. Tendríamos, sin lugar a dudas y por su volumen, el segundo lugar de establecimiento de la emigración canaria hasta aquellos momentos.


Desgraciadamente, desconocemos el tiempo de permanencia de este colectivo en la antigua colonia francesa, o si los citados desplazamientos continuaron produciéndose después de esta fecha y hasta cuándo.


Quizás el hecho que pudiera explicar esta “anomalía” en el tradicional comportamiento migratorio de las Islas sea la extraordinaria crisis económica que provocó en el Archipiélago el derrumbe del cultivo de la cochinilla y la situación de miseria y desesperación que generó en la mayor parte de sus habitantes.


Lo llamativo de esta situación es, que según el autor del Dictamen, a pesar de su volumen, esta llegada de canarios a Argelia era lo que podríamos llamar “la punta del iceberg”, porque por aquellos años el grueso de las salidas siguió dirigiéndose a su destino tradicional “las Américas”. Insiste además, que esta fuga masiva de isleños amenazaba con dejar despobladas “estas dos preciosas provincias españolas” (refiriéndose a Canarias y Baleares).


En efecto, en el capítulo III del Dictamen, figura una disertación bastante exhaustiva y pormenorizada sobre la importancia e incidencia de la emigración en el Archipiélago. La aborda como un fenómeno consustancial a la historia del mismo, e incluso se permite, para sus cálculos, llevar a cabo un cruce de datos (oficiales y extraoficiales) para determinar su cuantía real.


Según  Gobierno Civil, en los años normales emigraban alrededor de 2.800 personas, mientras que en los de calamidad pasaban de 5.000, cifra altísima para una población de 283.000 habitantes. A continuación plantea una serie de causas que la expliquen y destaca en primer lugar el “extraordinario aumento de la población indígena”, además de las constantes sequías en Lanzarote y Fuerteventura, y sobre todo, “la depreciación en los mercados extranjeros de la cochinilla” que se experimentaba por aquellos años.


Por último, señala un aspecto fundamental en la historia del Archipiélago y es la sobrepoblación “relativa” de la misma, en relación a sus posibilidades económicas, con “una densidad de 62 habitantes por kilómetro cuadrado, muy superior a la Francia y a muchas de las naciones más ricas e industriales del mundo”.


© José Solórzano Sánchez